lunes, 23 de noviembre de 2009

PERSONAJES DEL OLVIDO IV : Karoll, dialoga entre hombres...

La primera vez que vi una de sus fotografías fue hace unos años, exactamente en junio del 2000. Primero fue una postal publicitaria que invitaba a la inauguración de una exposición de desnudos y semidesnudos masculinos; luego en la propia galería Au bonheur du jour de Nicole Canet, allá en la rue Chabannais donde ocurriría el encuentro definitivo.

Atletas, Cuba 1940-1950, así tituló Nicole la muestra fotográfica dedicada al desconocido y olvidado fotógrafo cubano Karoll.

Autorretrato de Karoll.

Este curioso artista tuvo una actividad fotográfica en La Habana a través de su estudio donde firmaba sus clichés: Karoll; sin duda un pseudónimo utilizado por el artista.

Karoll gozaba de cierta notoriedad en La Habana, ciudad en la que trabajó una fotografía tradicional en la cuerda de los retratos, las bodas, los bautizos y las comuniones. Pero un interés mayor le llevaba a trabajar, casi en clandestinidad, el desnudo y semidesnudo masculino como necesaria expresión. Por su estudio pasaban fisiculturistas, obreros musculosos, estibadores salidos directamente del puerto...

Influenciado por el cine y la fotografía de Hollywood, así como por otros fotógrafos norteamericanos y europeos de la época, Karoll parecía, al mismo tiempo parodiar los trabajos del barón Wilhelm von Gloeden, pionero del desnudo masculino en la fotografía. Recuerdo haber visto en la exposión parisina (la única hasta el momento), una imagen del artista y su amigo travestidos en el interior de una casa de Centro Habana.

Nicole Canet me contaba que había salvado milagrosamente el lote de fotos durante un viaje a La Habana, donde la sobrina de Karoll profesaba cierto pudor a mostrarlas.


De Karoll no se conoce gran cosa. ¿Cuál era su verdadera identidad? Unicamente se sabe que estuvo internado en uno de los horrorosos campos de la UMAP y que falleció en La Habana en 1983.







































jueves, 19 de noviembre de 2009

PERSONAJES DEL OLVIDO III : La actriz cubana devorada por un tiburón.

Los historiadores del teatro cubano la olvidaron para siempre. Negras fueron sus memorias como la oscura panza del enorme escualo que, de un golpe de mandíbulas, englutió a la pobre Ofelia Rivas el 25 de noviembre de 1924, frente a la costa de Tampico en el golfo de México.
Ofelia Rivas, según la prensa de la época, era una notable actriz cubana que viajaba en el paquebote Esperanza acompañada por un familiar. Se dice que la mar estaba bastante tranquila y que el buque aún estaba frente a la costa; Ofelia, apoyada sobre la borda, contemplaba el maravilloso panorama del crepúsculo. Súbitamente, una ligera ráfaga de viento hizo que volase el sombrero de hule negro que llevaba puesto. La actriz cubana, en un gesto violento por recuperar la prenda, cedió su cuerpo y cayó al agua sin ninguna opción de socorro, dada la rapidez con que ocurrió el accidente y ante las miradas atónitas de pasajeros y tripulantes del buque.
Se cuenta que la desgraciada Ofelia, al caer entre las olas, luchaba desesperadamente contra algo que la tiraba hacia el fondo en una escena rapidísima y de enorme intensidad dramática. La actriz cubana gritaba enloquecida de espanto cuando de repente se hundió de un tirón entre las aguas. Varias canoas salvavidas fueron lanzadas al mar para auxiliar a la pobre mujer, pero rápidamente los marinos, desde sus botes, se dieron cuenta que la artista cubana había sido devorada por un inmenso tiburón que venía siguiendo al barco.
Pasadas tres semanas del trágico accidente, unos pescadores de la zona dieron caza a un gigantesco tiburón que estaba por aquellas aguas. Una vez en tierra, empezaron a despedazarlo y al abrir el vientre del animal constataron con estupor la presencia de cabellos humanos y las alhajas pertenecientes a la actriz cubana, reconocidas formalmente por las autoridades y la familia.
La prensa francesa, en su versión de los hechos, cuenta que Ofelia Rivas, al querer salvar a su caniche, cae al mar. Luego agrega que en el estómago del escualo encontraron, además de las alhajas, su turbante y hasta el collar del caniche.
Si algún lector tiene más detalles sobre los sucesos o la vida de esta actriz cubana, por favor, hágalo conocer en estas páginas.

martes, 17 de noviembre de 2009

ICONOGRAFIA CUBANA XVIII : "La Cabane Cubaine", templo de la música cubana en París.

"Si cierro los ojos en ese último blues de la Cabaña Cubana, proporciono a tu piel el color de mi deseo." *
L'isolé soleil (novela), Daniel Maximin (Guadalupe, 1947)

Vista exterior de la rue Fontaine y de la entrada de La Cabane Cubaine (La Cabaña Cubana), Septembre 1935 © Roger-Viollet.

La rue Fontaine, en el popular barrio de Montmartre, llegó a conocerse allá por los años 1930 como la "calle cubana". Parecía como si los músicos de la isla hubiesen asaltado con mucha garra el ambiente nocturno parisino. El número considerable de establecimientos que proponían la música cubana, contaban en esta calle su más bella representación: el Melody's bar y su orquesta de Barreto, el clarinete o saxofón de un Filiberto Rico; aquí las notas de Marta o La negra Quirina salían directo del piano de Moisés Simons. La batalla contra los tangos y milongas había comenzado a la sombra del Sacré Cœur; la alianza del son y la rumba con el jazz emprendería sus bellos días.

La Orquesta Típica Castellanos de La Cabaña Cubana. París, alrededor de 1932. Fotografía de Brassaï (1899-1984) © Estate Brassaï / RMN / Michèle Bellot.

Luego vendría La Cabaña Bambú y su orquesta cubana que se transformaría en varias semanas en La Cabaña Cubana. Aunque muchos se aferren en decir que estos lugares eran frecuentados por los negritos y mulatos antillanos y africanos, La Cabaña Cubana recibía a la burguesía intelectual ávida de s'encanailler (envilecerse) así como la bohemia artista de los años de entre las dos guerras.
El cronista Carpentier escribía desde París para Carteles en 1934:

"A la hora en que la claridad del alba se pinta sobre los techos de la capital, el estado mayor de nuestra música suele verse reunido en La Cabaña Cubana. El estrado de la orquesta se transforma entonces en un maravilloso tinglado de valores criollos. Los compositores, los ejecutantes, desfilan ante el piano o el arsenal de la batería, ofreciéndonos las mejores muestras de su talento. Simons y Grenet nos presentan sus últimas creaciones -hits de mañana-; Barreto ejecuta su solo de percusión; Cuevas hace correr dedos ágiles, sobre su trompeta milagrosa; Heriberto Rico, alejándonos por un instante de Cuba, interpreta en la penumbra la Syrinx de Debussy: luego, Collazo vuelve a implantar los prestigios y misterios de la música tropical...
Y, desde un rincón, Buster Keaton -que frecuenta asiduamente La Cabaña Cubana- se entrega de lleno al sortilegio de nuestros ritmos, contemplando el mágico cuadro con sus ojos adormecidos de caimán viejo..."

En La Cabaña Cubana. París, alrededor de 1932. Fotografía de Brassaï (1899-1984) © Estate Brassaï / RMN / Michèle Bellot.

"Fara hizo descubrir a Jacqueline en el tumulto de negros, tan pocos diferentes en apariencia, africanos, haitianos, mauricianos. Se hubiera dicho que La Cabaña Cubana era un museo de etnografía negra donde cada pueblo había enviado un espécimen." *

Mirages de Paris, Ousmane Socé.

Bailarines en La Cabaña Cubana. París, alrededor de 1932. Fotografía de Brassaï (1899-1984) © Estate Brassaï / RMN / Michèle Bellot.


"Como yo pasaba por la calle Fontaine,
un quejumbroso aire de jazz
salió titubeando,
deslumbrado por el día,
y me susurró su confidencia
discretamente
como yo pasaba justo frente de
La Cabaña cubana.
Un penetrante perfume de Negra
le acompañaba."

[...]
*

Como yo pasaba. Léopold Sédar Senghor (1906-2001), poeta, escritor y político senegalés.


* Traducción de Javier de Castromori

jueves, 12 de noviembre de 2009

ICONOGRAFIA CUBANA XVII : Protegidos de San Lázaro.

La capilla del santorio bajo la protección de San Lázaro.

Una de las cuantiosas medidas tomadas durante el proceso republicano que comprende el período entre 1902 y 1958 para dotar a la joven República de Cuba de una infraestructura sanitaria, acorde con el desarrollo de la nueva nación, fue sin duda la construcción de nuevos pabellones y la modernización del leprosorio El Rincón, terminados durante el verano de 1931.
Ninguna otra enfermedad provoca tanto horror como es el caso de la lepra o bacilo de Hansen, llevada a Europa por los legionarios romanos que regresaban de Asia Menor, donde Moisés ya había decretado una ley que separaba a los enfermos de los sanos. Más tarde, durante la época de las cruzadas, dado el número creciente de leprosos, comenzaron a crearse en Europa verdaderos cementerios para vivos, llamados éstos leprosorios. Apenas se detectaba un caso, se conducía al enfermo a la iglesia para hacerle escuchar la misa de los muertos y luego se le encerraba para siempre en un recinto.

Los jardines del recinto.

Hasta el año de 1931, el único leprosorio con que contaba la isla de Cuba era el de El Rincón, en Santiago de las Vegas, creado durante la época colonial y declarado Monumento Nacional por decreto 6066 del 13 de diciembre de 1951.
La legendaria bailarina Isadora Duncan, precursora de la danza moderna, recoge en sus memorias, recuerdos de su estancia en La Habana durante el invierno de 1916, y entre ellos, una visita al leprosorio habanero:

El dormitorio de las mujeres.

“A unos kilómetros de La Habana había un antiguo lazareto, rodeado de un alto muro, pero no tan alto que nos impidiera ver las caras horrorosas de los leprosos que nos miraban. Las autoridades comprendieron entonces la improcedencia de tener aquel lazareto a la entrada misma de la ciudad y decidieron cambiarlo de sitio. Pero los leprosos se negaron. Se subieron a las puertas y a las paredes, y algunos al tejado, y hasta se decía que hubo quien se escapó y vivía oculto en la ciudad. El traslado de aquel asilo de leprosos me pareció siempre como una comedia rara y fantástica de Maeterlinck.”

El dormitorio de los hombres.

Con la modernización y la ampliación de El Rincón por parte de las autoridades sanitarias cubanas en 1931, este centro se convertiría, junto a los leprosorios de las islas Hawai y el de Filipinas, en uno de los asilos más modernos del trópico. En él no sólo se acogían, cuidaban y curaban a los leprosos cubanos y extranjeros sino que se realizaban además en sus laboratorios investigaciones para encontrar las causas, aún desconocidas, de esta enfermedad, así como el estudio de sus desastrosas secuelas.
Existía además una brigada de policía encargada de vigilar de manera estricta y sistemática la aparición de nuevos contagiados por la lepra, los cuales eran inmediatamente, y de manera obligatoria, hospitalizados.

Dos parejas de leprosos frente a una de las viviendas independientes.

Hasta los primeros treinta años del siglo XX, la lepra o bacilo de Hansen subsistía aún en Europa, mucho más de lo que se pensaba, sobre todo en el litoral oriental del Mediterráneo. Pero donde se detectaba con más frecuencia, era en las tierras de clima tropical: las islas del Pacífico, América Central y del Sur y las Antillas. También se encontraba a menudo en territorios asiáticos como China. De hecho, el leprosorio de Santiago de las Vegas, recibía a pacientes de Colombia, Venezuela, Perú y China. En cierta época la immigración china en la isla de Cuba fue muy numerosa y una buena parte de sus integrantes traían o se contagiaban fácilmente con el bacilo de la lepra. Así encontramos que en 1931, de los 325 leprosos que vivían en El Rincón, 40 eran de origen chino. Las estadísticas demostraban que un gran número de enfermos eran de sexo masculino; es por eso que de la totalidad de leprosos presentes en el sanatorio, 80 eran mujeres y una docena de niños.

Los nuevos pabellones de leprosos.

Uno de los tres pabellones inaugurados en 1931, llevaba el nombre de Sun Yat Set, apóstol de la revolución china, y fue construido entre la colaboración de los gobiernos de Cuba y el nacionalista chino. Los otros dos pabellones llevaron los nombres del Dr. Fernández, ministro cubano de la salud y del Dr. Pernia, director del centro.


El doctor Pernia, director del sanatorio.

Dentro del Sanatorio, una especie de pequeño poblado reagrupaba ciertas viviendas independientes, destinadas a las familias contagiadas, y diferentes edificaciones y espacios recreativos para los enfermos como un casino, un parque, un terreno de béisbol, jardines con fuentes y una iglesia bajo la protección del santo patrón de los enfermos: San Lázaro. Con los años, el santuario va a conocer de manera creciente durante todo el siglo XX una gran popularidad, reflejada a través de las anuales peregrinaciones de miles de cubanos el 16 de diciembre.


Pabellón donde vivían las enfermeras religiosas.

El control eficaz y gratuito de muchas enfermedades durante los diferentes gobiernos republicanos a través de diferentes instituciones autónomas, representó un paso de avance dentro de la medicina y la higiene cubanas. En el caso de la lepra y otras enfermedades de la piel se creó en 1937 el Patronato para la Profiláxis de la Lepra, Enfermedades Cutáneas y Sífilis (PLECS), iniciando con él una campaña contra la frambesia* en la provincia de Oriente. En 1938, se inició la construcción de un nuevo leprosorio, con una capacidad de 300 camas, construido en una meseta de la Sierra Maestra, en la Finca de San Luis, Altosongo.



Un enfermero frente a una de las viviendas independientes.


* Frambesia : enfermedad infecciosa debida al Treponema pallidum. Se caracteriza por una lesión inicial consistente en una o varias pápulas eritematosas e infiltrativas que crecen rápidamente y forman una masa vegetante (papilomatosa) ulcerada de aspecto "frambuesiforme" formada por un tejido de granulación friable. En el exudado que emana de ella pueden visualizarse los treponemas por examen microscópico con campo oscuro.

martes, 3 de noviembre de 2009

ICONOGRAFIA CUBANA XVI : ¡Frutas...!, ¿quién quiere comprarme frutas...?


"Frutas", La Habana, década de 1950. Foto: Luis Estévez Lasa. © Colección Gina Pellón.


¡Frutas...!, quién quiere comprarme frutas
mango de mamey y bizcochuelo
piña, piña dulce como azúcar
cosechadas en las lomas del Caney.
Traigo rico mango del mamey y piñas
qué deliciosas son como labios de mujer.



"Frutas", La Habana, década de 1950. Foto: Luis Estévez Lasa. © Colección Gina Pellón.


Caney de Oriente, tierra de amores
cuna florida donde vivió el Siboney
donde las frutas son como flores
llenas de aroma y saturadas de miel.

"Frutas", La Habana, década de 1950. Foto: Luis Estévez Lasa. © Colección Gina Pellón.


Caney de Oriente, tierra divina
donde la mano de Dios tendió su bendición.
Quién quiere comprarme frutas sabrosas
marañones y mamoncillos del Caney.
(Félix Benjamín Caignet, Son pregón, 1928.)


"Frutas", La Habana, década de 1950. Foto: Luis Estévez Lasa. © Colección Gina Pellón.