lunes, 11 de mayo de 2009

DER KUBANISCHE LISZT: HOMENAJE A UN VIRTUOSO CUBANO.


"Aristócrata del teclado", "gran señor", "pianista de maneras joviales de gran propietario o señor feudal", son unas de las tantas descripciones que le proporcionaron su elegancia y prestancia a la hora de tocar el piano. En concierto, daba la impresión de tocar con calma, reflexionado y con una autoridad soberana. Jorge Bolet no era de esos pianistas que al interpretar, buscan a todo precio demostrar la escritura musical, desvelar sus secretos a pleno día o remontar a la superficie todas las voces de las capas profundas del gran tejido musical. Bolet estaba más apegado a la redondez del timbre y a la facultad de modulación del sonido, a la vez que buscaba con frecuencia, poner en evidencia las estructuras de la composición musical y elaborar vastas curvas con el fin de desarrollar un conjunto coherente.
Nacido en La Habana el 15 de noviembre de 1914 y fallecido en Mountain View, California el 16 de octubre de 1990, Jorge Bolet supo bridar un arte de gran virtuoso, arte que como él mismo decía, no era forzosamente siempre mantenido en el respeto incondicional de las notas musicales, pero que debía más bien tocar el corazón y el alma del artista y su público. Actitud tal vez forjada por una larga y brillante carrera que tuvo sus comienzos con las lecciones de piano que le proporcionaba su hermana mayor a la edad de siete años. Sus primeros pasos en la escena los realizó con el Concierto en ré menor de Mozart, acompañado por la Orquesta Sinfónica de La Habana a la edad de doce años.
Entre 1927 y 1934 realiza estudios con David Saperton en el Curtis Institute de Filadelfia y al final de sus estudios parte hacia Europa para ofrecer recitales en La Haya, Viena, Londres, Madrid, Berlín y París. A su regreso de esta gira en 1936, se convierte en el asistente del gran pianista y pedagogo Rudolf Serkin en el mismo Curtis Institute.


Al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, Bolet regresa a Cuba donde, en 1942, es llamado a ocupar el puesto de agregado cultural de la embajada cubana en Washington en la que permanecerá hasta el fin de la guerra. Un año más tarde se alista en el ejército norteamericano y es enviado a Japón como director musical del Estado Mayor norteamericano en esa ciudad. Allí dirije la primera audición japonesa del "Mikado" de Gilbert & Sullivan. En lo adelante, el pianista cubano-americano retoma sus actividades como solista en conciertos y grabaciones, principalmente dentro del repertorio romántico.
En 1960, graba la banda sonora de la película Song without end, The story of Franz Liszt, dirigida en un principio por Charles Vidor y terminada por Georges Cukor como consecuencia del fallecimiento durante el rodaje en Viena, de su primer director. El rol principal estuvo en las manos de Dirk Bogart. El filme retraza la vida amorosa del compositor austro-húngaro con Caroline SaynWittengenstein y Marie d'Agout. Paradógicamente, la crítica musical de este filme, juzgó la interpretación de Bolet "demasiado virtuosa".


De Bolet se solía decir que interpretaba Liszt "con los dedos de un Horowitz y la sonoridad de un Lhévinne"; y sus interpretaciones de las grandiosas transcripciones de Liszt fueron muy célebres.
Jorge Bolet estuvo fuertemente ligado a la gran tradición del piano romántico del cual él se decía legatario. Cierta vez, un periodista le interrogaba sobre sus modelos pianísticos a lo que éste citó en primera instancia a Josef Hofmann y Sergei Rachmaninoff: "En realidad -decía Bolet- los he amado y admirado a todos, pero en materia de interpretación, yo sólo he querido acercarme más a Rachmaninoff." Esta pasión por el pianista y compositor ruso lo llevó a grabar en 1984, una serie de programas televisivos, especie de masterclass, en que Bolet interpretaba el célebre Concierto para piano y orquesta n° 3 en ré menor Op. 30 de Rachmaninoff.

Este virtuoso cubano se hizo imponer en toda Europa y en el mundo entero por sus magistrales interpretaciones de Liszt llegando a ser considerado como un "Lisztiano por excelencia o un Lisztiano predestinado". En concierto, sus interpretaciones eran dominadas por una atmósfera que no encontramos en los discos; al mismo tiempo que sus grabaciones reflejan un toque mucho más disciplinado, más controlado que en sus conciertos, donde, al decir de él mismo, se sentía más libre y buscaba una mayor espontaneidad en el modelado musical. No veía Bolet por lo demas, ninguna incompatibilidad entre el rigor de la disciplina y un toque relajado. Pero algunos le reprocharon a veces el dejarse embriagar por la velocidad, al punto de no hacer justicia a la idea poética de Liszt, de perderla de vista y de sumirse en un virtuosismo concebido como un fin en sí mismo.

Joseph Manhart escribió así del virtuoso cubano:
"Jorge Bolet desde 1935 había hecho sus comienzos europeos en Amsterdam y se hizo conocer en Berlín en los años 1950 por sus notables interpretaciones de Debussy. Pero hubo de esperar los años 1980 para que su carrera se apartara de los caminos relativamente confidenciales que seguía aún y que le permitiera acceder a las grande avenidas de la gloria. Lo pudimos escuchar varias veces en Francia y Alemania, pero no es hasta 1988 en que haría sus comienzos en Suiza, en la Tonhalle de Zurich. Hacia finales de los años 1980, en el momento en que Bolet se producía cada vez con más frecuencia en las grandes salas de concierto de Europa, pudimos notar una evolución en su interpretación: eso que llamamos corrientemente el estilo depurado de la edad, comenzó en efecto a hacerse sentir. Teníamos la impresión de poder leer entre las notas de su toque una mayor impasibilidad, una melancolía, quizas cierta resignación. Pero lo más flagrante era que el sorprendente virtuosismo de Jorge Bolet aún estaba presente, pese a que algunos falsos pasos no tenían nada de un fin en sí mismo. Todo eso en adelante le servía de substrato a la representación de ideas poéticas expresadas en cada composición.

Jorge Bolet interpreta la Rapsodia Húngara n° 12 in C sharp minor de Franz Liszt.


Jorge Bolet, Estudio de ejecución trascendental n° 1 de Franz Liszt y entrevista al pianista en 1983 por Robin Ray.

6 comentarios:

chiquitacubana dijo...

Muy buen articulo, gracias por compartirlo.

Saludos

Isis dijo...

Gracias, querido Javier. No lo conocía, y este post es muy completo, sensible, exhaustivo.

ric dijo...

Gracias. El masterclass de Bolet con Ira Levin es excelente.

Eufrates del Valle dijo...

Mil gracias Javier por presentarlo. No conocia a este artista cubano. Delicioso post.

Anónimo dijo...

pletórico de información este artículo^ javier^ que he disfrutado mucho^^^
búhamente^^^

Aguaya dijo...

Yo tampoco conocía a Jorge Bolet... He visto de un tirón las 14 partes del Master Class: qué maravilla.

Rachmaninoff es, además, mi compositor preferido. Su concierto # 2 es para mí el mejor... nunca llego al final con los ojos secos... es una belleza.

Gracias, Javier!!