Nota de última hora: el link que aparece un poco más abajo "Nota" sobre la aclaración de Alina Sánchez en DDC, ha sido deslíado por los super webmasters que emplea DDC. Es decir, los lectores no pueden tener acceso a esa nota directamente, tienen que pasar por la página de inicio de DDC. Ya ven, es David contra Goliat.
Señora Alina Sánchez,
Me aparto por unos momentos de mi merecido fin de semana para responder a su “Nota” publicada en DDC acerca de un suceso que normalmente debía haberse zanjado entre usted, yo y la redacción de Diario de Cuba y que lamentablemente ha sido amplificada por la horda de corifeos trasnochados que pululan en la “red cubana”.
Vayamos por partes. No como lo hubiera dicho el famoso Destripador londinense, sino haciendo un claro y constructivo análisis de los hechos.
Primeramente quisiera saludar su maravillosa defensa, pues como bien usted dice, está acostumbrada a los aplausos y a las luces. Yo, no. Y en eso me lleva una gran ventaja. La prueba está ahí: su popularidad le lleva también a la adulación por parte de esa “horda de corifeos trasnochados” a la cual hacía referencia más arriba; horda que no deja de lanzar insultos a diestra y siniestra en las páginas de un Portal que se dice reservar “el derecho de retirar todos aquellos comentarios y aportaciones que vulneren el respeto a la dignidad de la persona […]” que sean difamatorios, irrespetuosos, insultantes y obscenos, referentes a la vida privada de las personas.
Luego quisiera disculparme ante usted por ciertas frases desatinadas, escritas (y suprimidas ya) bajo el influjo sordo a mis reclamos hacia Diario de Cuba, del cual, luego de muchas insistencias y mensajes censurados me respondió lo siguiente:
“Estimado Sr. De Castromori: No ha sido intención de esta redacción demeritar el trabajo de su blog. El crédito de reproducción de imágenes será añadido a las imágenes utilizadas en el artículo.
Un cordial saludo, Redacción DDC “
La querella, para llamarlo de alguna manera, tiene sus cimientos en varios mensajes recibidos por los lectores de mi blog, quienes habían reconocido las fotografías y ciertas semejanzas con el texto publicado por mí el 20 de enero de 2010 en Memorandum Vitae. A raíz de esto, consulté DDC (que no suelo visitar) y constaté, efectivamente, que las fotos utilizadas para ilustrar su escrito, provenían todas de mi blog. También noté, como bien escribí a la redacción de DDC y publiqué posteriormente en mi blog, que su texto “me recordaba extrañamente” al mío.
Un primer intento de contacto con usted y con la redacción de DDC a través de un comentario fue insuficiente, pues la redacción prefirió censurarlo. El mensaje decía:
“Por favor, cuando se toman imágenes de otros espacios es necesario poner la procedencia. Tengan la gentileza y la honestidad de señalarlo.” Sin embargo, DDC deja pasar todos los mensajes difamatorios e insultantes contra mi persona. Decididamente hay mucho que cuestionarse sobre esa publicación de ideología dudosa y subvencionada por un gobierno cómplice de la dictadura castrista.
Si de algo pudiera verdaderamente pretender, es de mi honestidad y de mi colaboración con todo aquel que me lo pide. Los que me conocen, saben de lo que hablo. Y bastante discreto soy desde mi blog, mi única tribuna.
Cuando reclamo a DDC el crédito de la reproducción fotográfica es porque esas fotos fueron tomadas directamente de mi blog. Todas, excepto el grabado aparecido en la Ilustración Española y Americana, de 8 de mayo de 1879, son fotografías que forman parte de mi colección, impresas en gelatino-bromuro de plata, de pequeño formato, estilo tarjetas, como se acostumbraba hacer hasta casi los años 1930.
Mi reclamo, no es el de pretender una paternidad fotográfica, como algunos irónicamente han querido echarme a la cara, si no un justo crédito tanto a mi publicación como a mi colección. No es jurídico, si no moral. Es lo que normalmente deberíamos hacer cuando tomamos prestado algo. Ahí tiene mi blog, todas las imágenes que no detengo ya sean físicamente o por autoría están indicadas de manera que el lector conozca la fuente. Eso a mí me parece justo, aunque haya algunos que no lo entiendan así.
En cuanto a su texto “El negro del Stradivarius”, como bien dije ya, ciertas partes “me recordaron extrañamente” al mío, publicado hace más de dieciséis meses. En ningún momento me manifesté señalando ningún tipo de plagio; de eso se encargaron esos mismos famosos “corifeos” que ahora le están adulando en comentarios en DDC.
Usted me cita al periodista Juan José de Soiza Reilly, más conocido en la prensa porteña por el seudónimo de Agapito Candileja, como fuente de inspiración para mi escrito y el suyo. En realidad, para el mío no sólo utilicé las referencias de este último, si no también muchos otros. Trabajo hace mucho tiempo, todos los días, con los archivos de la prensa y no suelo guiar mis investigaciones de una manera lineal.
En efecto, Agapito Candilejas, publicó el 10 de junio de 1911 en la revista porteña Caras y Caretas, un escrito sobre la muerte de Brindis de Salas. Pero él no fue el único. Y es ahí donde, me pregunto: ¿en realidad usted consultó el escrito del señor Candilejas? Me perdona, pero no lo creo, y le explico por qué.
Ciertos detalles que usted cuenta en su escrito y que atribuye al periodista Soiza Reilly son inexactos:
Usted dice: “Registran sus bolsillos y encuentran recortes de críticas musicales de The Musical Times, de Londres, del Corriere Italiano de Florencia. Y programas doblados y borrosos donde aún puede leerse con claridad: "Intérprete: el violinista cubano Claudio Brindis de Salas. Barón, miembro de la Légion d’Honneur y músico de la corte alemana".
En realidad Soiza Reilly relata lo que le contaron los dueños de la fonda y posada "Ai re dei vini", del Paseo de Julio, 294 y lo transcribe así:
“- Aquí, en este bolsillo, tiene algunos papeles. Hay un pasaje. El programa de un concierto en Ronda. Una tarjeta. Un pasaporte... ¿Qué dicen?
- Caballero de Brindis, barón de Salas. ¡Oh! ¡Es el célebre violinista Brindis de Salas!...”
- Caballero de Brindis, barón de Salas. ¡Oh! ¡Es el célebre violinista Brindis de Salas!...”
Por otra parte, usted comienza su escrito relatando la historia de la venta-empeño del Stradivarius de Brindis en el Monte de Piedad, cuando en realidad sucedió en una tienda de cambalache de la calle Rivadavia n° 3289 de la capital porteña. El relato de este suceso, publicado también en Caras y Caretas, pero del 16 de septiembre de 1911, es decir varios meses después de la muerte del violinista cubano, no pertenece al periodista Soiza Reilly como usted deja entender. El relato del suceso, no firmado, lo transcribió otro periodista, basándose en lo que le contó el dueño del cambalache, Jorge A. Paulsen, sucedido en su negocio el 23 de mayo de 1911 (10 días antes de la muerte del violinista cubano).
En ningún momento del relato se dice que Brindis ejecutó “un fragmento del concierto para violín de Mendelsohn” antes de desprenderse definitivamente de su violín, como así lo escribe usted. El texto original dice:
“Pero el negro vio que yo desconfiaba, y me contuvo diciéndome : ‘Vea, señor: yo no soy lo que aparento. Ahora estoy pobre, pero he sido muy rico.’ En seguida se colocó el violín bajo la barba, empuñó el arco y tocó en mi presencia una hermosa barcarola.”
Quizás, me dirá usted, que es una libertad ficticia que se permitió, lo cual puede ser muy válido. Pero no, su escrito respira lo real, lo histórico. Además su principal referencia es Soiza Reilly, quien además, nunca firmó ese relato del violín.
Me parece que con tan sólo esos ejemplos inexactos no se pueda pretender tener como referencia a Soiza Reilly o alguno de sus contemporáneos. Esa es una vieja técnica para maquillar las verdaderas fuentes de inspiración.
Yo, por mi parte, sí puedo decir que no sólo Soiza Reilly y tantos otros me sirvieron para crear mi post, mi trabajo se basa en la investigación profunda. Detalles, puedo darle sin problema y sin ningún tipo de alarde. Cuando publiqué mi post sobre la muerte de Brindis de Salas, mi objetivo era ofrecer a los lectores un material gráfico, practicamente desconocido hasta ese momento.
No quiero con esto poner en tela de juicio ni su estilo ni su escrito ni sus conocimientos, no es mi propósito. Sólo recordarle que todos bebemos de otras fuentes, Soiza Reilly en su momento también lo hizo, pero no debemos olvidar la honestidad intelectual y el reconocimiento del trabajo de los otros, incluso de aquellos como yo, que no disponen de una tribuna como Diario de Cuba para publicar sus modestos trabajos.
Una última aclaración: yo no vivo fuera de mi país como usted. Yo fui un exiliado político que tuvo que dejar la isla a los 20 años de edad y hoy día soy un ciudadano francés.
Mis respetos,
Javier de Castromori
