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miércoles, 20 de mayo de 2009

¡Nos cayó un 20 de mayo...!

El 20 de mayo fue, a partir de 1902 y por muchos años, fecha de fiestas por cada aniversario de la instauración de la República cubana, pero también motivos de disturbios y alteraciones del orden público. En 1902, durante la celebración del paso a una nueva forma de gobierno, muchos resultaron heridos a causa de los petardos y artefactos caseros que, si por una parte manifestaban la alegría popular, por otra, agredían físicamente a quienes estuvieran cerca del lugar donde explotaban. Sin embargo, el acontecimiento que parece haber definitivamente marcado la persistencia en el habla popular cubana de la expresión: "nos cayó un 20 de mayo", parece referirse más bien a la "guerrita de 1912", "guerrita de raza" o "guerra de mayo", como se le han llamado también. Ese año de 1912, el ejército cubano masacró a miles de negros (se dice más de seis mil), muchos de los cuales pertenecían al primer partido politico negro del hemisferio, fuera del de Haití: el Partido de los Independientes de Color (PIC). Este partido agrupaba en su inmensa mayoría a los negros veteranos del ejército mambí que revindicaban la legitimidad del negro dentro de la política cubana, la misma revindicación que le costó la vida al general Quintín Bandera en 1906.


Partido Independiente de Color, fundado en La Habana, el 7 de agosto de 1908, por Evaristo Estenoz, Pedro Ivonet y el periodista Gregorio Surín.


Organizada por los líderes del Partido de los Independientes de Color, la insurrección armada de mayo fue dirigida por los líderes negros Evaristo Estenoz y Pedro Ivonnet. Fue tal su repercusión en la provincia de Oriente que los periódicos de la época no vacilaron en compararla con la revuelta de negros esclavos de Haití en 1791.


Evaristo Estenoz


El 19 de mayo, llegaron los líderes del movimiento a Santiago de Cuba para desde allí lanzar la insurrección, en conmemoración del décimo aniversario del advenimiento de la República. También el Secretario de Instrucción Pública, Mario García-Kholy, en representación del Presidente José Miguel Gómez, se trasladó a Santiago. Un manifiesto proclamado por este último pedía a todos los ciudadanos de la República que se armaran para defenderse de las hordas vandálicas que asolaban y destruían cuanto a su paso encontraban; y el alcalde de Santiago, suspendió las festividades del 20 de mayo de ese año, así como el homenaje previsto a Fernández Guevara.

Pedro Ivonnet


Un año después, el 20 de mayo de 1913, Mario García Menocal tomó posesión del cargo de Presidente de la República cubana. Su reelección en 1917, así como la toma de poder de Alfredo Zayas en 1921, tuvieron lugar también en la misma fecha. Los candidatos opositores y sus electores no dudaban en exclamar que, con cada nuevo Presidente electo, lo que les caía no era otra cosa que un 20 de mayo más.

Autopsia de Evaristo Estenoz, asesinado con un tiro en la nuca. Aquí está rodeado por el forense y miembros del ejército cubano (sus asesinos).


lunes, 9 de marzo de 2009

Una carta inédita de Lydia Cabrera y unas fotos de la quinta San José.

Foto: Luis Estévez Lasa. © Colección Gina Pellón.

Luis Estévez Lasa (1899-1974), arquitecto, diplomático, cineasta y fotógrafo amateur franco-cubano, en una de sus visitas a Lydia Cabrera, realiza una serie de Kodachromes (diapositivas) de la quinta San José. No es, pasado varios años que Luis remite esas fotos, acompañadas de una carta, a su vieja amiga de infancia, también en el exilio.


El cineasta francés René Clair y Luis Estévez Lasa en Hollywood, durante el rodaje de la pelicula "Ma femme est une sorcière" (1944). © Colección Juan Luis Estévez.

Carta de Lydia Cabrera a Luis Estévez Lasa *
18 agosto [19]64

Querido Luis:

No podías haberme hecho mejor regalo en toda tu vida que esas fotos que me envias de San José. No teníamos ninguna. Me servirán para recordar -¿ya qué nos queda?- algo que fue bonito… y que como todas las cosas bonitas están condenadas a muerte en nuestra tierra. Siento que no tengas material sobre ganado pues, como te decía en mi anterior, se va a publicar un libro importante sobre la ganadería en Cuba. Si surge la caña en un estudio futuro dime un poco lo que tienes, y estaré al tanto.

Aquí se preparan unas elecciones que serán violentas, pues por primera vez después de 30 años que este pueblo imbécil comienza a despertar y a darse cuenta de que ha sido gobernado por traidores. Ojalá gane Goldwater, nos convendría a los cubanos y al todavía llamado «mundo libre».

¿Cómo está tu hermano Pedro, y qué hace? ¿Vida de ermitaño viejo? Y tú, ¿qué proyectos tienes y que piensas de todas estas porquerías que estamos viviendo?

Veremos en qué para todo ésto… y dónde vamos a parar las victimas del hermoso, noble y magnánimo Fidel, hijo de… Lina. Creo que los que tanto lo quisieron pueden sentirse ahora muy orgullosos de su elección.

Un millón de gracias por tu envío. Repito: ¡te lo he agradecido mucho! Ojalá tenga el gusto de verle antes de emprender, no la vuelta a Cuba, si no el viaje a Josafat… Cuidate: salud y lo otro, que tanta falta hace!

Lydia


Foto: Luis Estévez Lasa. © Colección Gina Pellón.

Foto: Luis Estévez Lasa. © Colección Gina Pellón.

Foto: Luis Estévez Lasa. © Colección Gina Pellón.

Foto: Luis Estévez Lasa. © Colección Gina Pellón.

Foto: Luis Estévez Lasa. © Colección Gina Pellón.

*Nota: La carta inédita aqui reproducida, pertenece a la colección particular del hijo de Luis Estévez Lasa, Juan Luis Estévez Betancourt. Los kodachromes que acompañan este post pertenecen hoy día a la colección privada de la pintora cubana residente en París Gina Pellón, a quien doy las gracias por reproducirlas.

domingo, 15 de febrero de 2009

Las voces ocultas del Palais Garnier

La Opera Garnier, 1911. © BNF /Agence Rol.

Dejar una huella para las generaciones futuras fue, y aún es, una precupación del ser humano en su afán de memoria histórica. Recientemente se han rescatado de las profundidades de la Opera Garnier de París, una serie de urnas de cobre depositadas en 1907, con la cláusula de ser abiertas cien años más tarde. Dichas urnas atesoraron durante un siglo las voces y la armonía del quehacer artístico-musical del comienzo del siglo XX, marcando un hito en la conciliación entre las ciencias y las artes o más exactamente, entre la música y la tecnología.


Fotografía oficial de la ceremonia de 1907. © BNF
La aventura tuvo su principio cuando Alfred Clark, gran industrial estadounidense y presidente de la compañía francesa del Gramófono, pidió al director de la Opera de París, Pedro Gailhard de ayudarle a grabar las mejores voces líricas del momento. El director de la Opera, entusiasta con tal proyecto, aglutinó a los mejores tenores, contra-tenores, barítonos, sopranos y contraltos que con gozo prestaron sus voces en una experiencia que los conduciría a la inmortalidad. Es así que el 24 de diciembre de 1907, en las entrañas del «Palais Garnier», tiene lugar la ceremonia de inhumación de veinticuatro discos, presentados como el embrión de un museo de la voz. En un acta escrita por el ministro de la Instrucción Pública, Aristide Briand, comunica la voluntad del donante que dichas urnas no sean abiertas hasta pasado cien años y bajo los siguientes términos:

« […] con el fin de revelar a los hombres de esa época :
1° cuál era el estado de las máquinas hablantes, aun hoy día, casi a sus comienzos, y sobre todo, qué progresos hubieran mejorado esta maravillosa invención durante el curso de un siglo;
2° cómo eran entonces las voces de los principales cantatantes de nuestro tiempo y qué interpretación ellos daban de algunos de los pasajes más célebres del repertorio lírico y dramático


Urna n°1 de 1907 y la urna n° 3 de 1912 que fue quebrada. © BNF
Bajo esos términos, Alfred Clark obtuvo de la administración de Beaux-Arts, la autorisación de instalar en los subsuelos de la Opera de París, una sala perfectamente impenetrable en la cual se instalaron un gramófono y dos urnas de cobre con aspecto de grandes ollas de presión, en las que fueron colocados a manera de sandwiches y entre placas de vidrio los veinticuatro discos de Mr. Clark. Cada urna disponía de una pequeña válvula que permitió poner al vacío su contenido y así evitar la acción nefasta del aire.
En junio de 1912, Clark realizaría una segunda donación, incorporando a las ya existentes, dos nuevas docenas de discos y un gramófono situado en una urna más grande que garantizara la posibilidad de reescuchar los discos, pese a los inevitables cambios tecnológicos venideros.

Richard Wagner, Lohengrin, Acte III, Récit du Graal : "Aux bords lointains dont nul mortel n’approche", Paul Franz, ténor, avec accompagnement d’orchestre. Gramophone 032212 – Grabado en 1911. Charles Gounod, Faust, Acte III, Sérénade : "Vous qui faites l’endormie", Méphistophélès: Pol Plançon, basse, avec accompagnement d’orchestre. Gramophone 032048 – Grabado el 23 de enero 1906. Ludwig van Beethoven, Symphonie n° 6 en fa majeur Op.68 « Pastorale » I. Allegro ma non troppo, Musique de la Garde Républicaine. Gramophone 030110 – Grabado en 1911. © BNF
Durante los trabajos de restauración de la Opera entre 1989 y 1990, se constata que dos de las urnas habian sido quebradas y es entonces que se le confían a la Biblioteca Nacional francesa para que proceda a su abertura en 2007. La operación es encomendada al Centro de investigación y restauración de los museos de Francia temiendo la probable presencia de amianto, confirmada ésta en el momento de la abertura de las urnas. En septiembre de 2008, en los espacios del departamento del Audiovisual, condicionaron un local rigurosamente conforme a las normas legales de impermeabilidad. Las urnas fueron sometidas a una depresión del aire y fueron abiertas únicamente dos de entre ellas: una de 1907 y otra de 1912. El 17 de septiembre de 2008 es extraído finalmente el primer disco. Se trataba de un disco de una sola cara de 25 cm de diámetro y una etiqueta manuscrita, todo en un excelente estado de conservación. Más tarde se realizaría una lectura analógica y una reproducción digital.
Del 18 al 23 septiembre, el contenido de las dos urnas es íntegralmente extraído. De la urna correspondiente al año 1907, fueron retirados doce discos de un diámetro de 25 cm de las marcas Gramophone Pre-dog y Zonophone, un diafragma Gramophone Exhibition de fabricación estadounidense, una caja de agujas de metal «Melba needles» y un ejemplar de piezas musicales manuscritas, depositadas igualmente en la época dentro de un cilindro de latón. Por otra parte, de la urna de 1912, fueron sacados doce discos de 30 y 25 centímetros, algunos con la marca de «La voix de son maître». En este segundo conjunto, mucho menos condicionado que el anterior, algunos ejemplares sufrieron roturas y rayaduras a causa del quebrado de las placas de vidrio entrepuestas entre ellos.


Los discos tal y como se encontraban en la urna n° 1 en el momento de su abertura y la recuperación de la urna n° 4 (1912) por los técnicos de Sobaten, en coordinación con el C2RMF y el departemento del Audiovisual de la Biblioteca Nacional de Francia, París, 17 de septiembre de 2008. © Foto: David Cueco/BNF.

Hoy, este tesoro sonoro limpiado y recuperado en ficheros digitales, podemos disfrutarlos en buena parte en la exposición virtual Les voix ensevelies que la Biblioteca Nacional Francesa nos propone en su página web. Todo esta listo para escuchar y asombrarse del camino recorrido en términos técnicos y estéticos de la edición fonográfica desde sus inicios. Ahí están las voces ocultas de una sexagenaria Adelina Patti, de Emma Calvé, Marguerite Mérentié, Julia Lindsay, y Nelly Melba; escoltadas por los timbres de Francesco Tamagno, Enrico Caruso, Jean Noté, Maurice Renaud, Hector Dufranne, y muchos otros más.






La soprano Adelina Patti (1843-1919) Wolfgang Amadeus Mozart, Don Giovanni, Acte I, "Batti, batti, o bel Masetto", Zerlina, Landon Ronald, piano. Gramophone Patti 03055 – Grabado en diciembre de 1905. © BNF.
















La soprano Emma Calvé (1858-1942). Georges Bizet, Carmen, Acte I, Habanera : "L’amour est un oiseau rebelle", con acompañamiento de orquesta. Gramophone Monarch 053118 – grabado en abril de 1907.














El baritono Jean Noté (1858-1922) Gaetano Donizetti, La Favorite, Acte II, "Pour tant d’amour", Alphonse XI, con acompañamiento de orquesta. Zonophone X-82474/5 – Grabado en 1906.

viernes, 2 de enero de 2009

Marta Abreu y Luis Estévez en el centenario de sus muertes.

Para Juan Luis Estévez, Jean-Claude Abreu (in memoriam), Juliette Abreu, bisnieto y sobrinos nietos de Marta Abreu y Luis Estévez.Marta de los Angeles González-Abreu Arencibia (Santa Clara, 13 de noviembre de 1845 - París, 2 de enero de 1909), fotografiada por Nadar. © Colección Javier de Castromori.


Prefiero, por estos días de mundanal barullo y celebraciones bastardas, recordar y hacerles recordar que este 2 de enero se cumplen cien años de la desaparición de la patriota cubana Marta Abreu y del suicidio, treinta y trés días más tarde, de su esposo Luis Estévez Romero, primer vicepresidente de la República cubana.
Ya sé que muchos andan ocupados con otros tipos de celebraciones de medio siglo que intentan empañar las justas celebraciones de la historia cubana. Lo dicho, Marta de los Angeles González-Abreu Arencibia y Luis Estévez Romero fallecían hace cien años en París y es motivo de recordatorio.
Es curioso que para esta conmemoración ni los cubanos de dentro ni los de fuera de Cuba hayan preparado nada. Sobre Marta Abreu varios biógrafos han dedicado estudios: el último de entre ellos apareció hace casi sesenta años. Autores como Rafael Marquina, Manuel García Garófalo-Mesa, José Manuel Pérez Cabrera y Pánfilo D. Camacho, para citar los más importantes, dedicaron en su momento pertinentes obras con la visión biográfica de una época en la que se exaltaban las virtudes de los personajes y se nos presentaban casi como dioses en detrimento de un acercamiento más humano al personaje biografiado. Esos libros, con sus defectos y virtudes al menos estan ahí, como prueba de la necesidad de dar a nuestra historia un homenaje merecido a quienes fueron parte importante de su desarrollo.


Escribir una biografía no es tarea fácil, la verdad nunca es absoluta. Con el paso de los años, el desarrollo de las técnicas investigativas y el manejo, a veces peligroso, de la información, cualquier hábil investigador pudiera ofrecer al lector un mejor acercamiento al personaje biografiado. Una biografía, para que sea lo más completa posible debe facilitarnos las multiples facetas del ser humano en su complejo desarrollo intelectual y social. Para muchos, Marta Abreu fue una mujer intachable, sin defectos, de la cual sólo se conocen sus virtudes patrióticas y se desconocen los mínimos detalles de su personalidad como ser humano en su conjunto. Un ejemplo palpable de ésto, es que en las ya mencionadas biografías no se toman en consideración ciertos hechos en la vida privada del personaje, como es el caso del fallecimiento, a pocos días de nacida, de una hija de Marta desconocida por la historiografía cubana: Cecilia Estévez Abreu, sepultada en el panteón familial del Cementerio Cristóbal Colón de La Habana. Todo parece indicar que esta hija, olvidada intencionalmente por la biografiada y sus biógrafos, murió a muy corta edad, tal vez unos cuantos meses después de su nacimiento, uno o dos años más tarde de la llegada de Pedro Estévez Abreu, dado como único fruto de esta relación.


La joven Marta Abreu. © Colección Javier de Castromori.

El joven Luis Estévez Romero (Matanzas, 1850 - París, 1909). © Colección Javier de Castromori.


Muchos documentos, aún inéditos, conservados en la Biblioteca Nacional de Cuba y en archivos familiares y personales podrían ayudarnos a reconstruir un rostro más fiel de la patriota cubana y de su esposo, quien nos aparece siempre bajo la sombra augusta de su mujer. Pánfilo D. Camacho relata así los últimos momentos del primer vicepresidente, tras la muerte de su gran motor en la vida:

"Todos los días, sin embargo, se ve salir a Don Luis a la misma hora. Al cabo de algún tiempo regresa lleno de pesadumbre y se recoge en su habitación. Pronto se averigua que diariamente el coche que toma lo lleva hasta el Cementerio de Montmartre. El viejo cochero, testigo obligado de las sucesivas escenas de dolor a que asiste, dice que su asiduo cliente llora largos sollozos sobre las flores que deposita en el mausoleo en cada visita que hace."


La tumba Estévez se encuentra a la entrada del Cementerio de Montmartre, justo detrás de la tumba del actor y dramaturgo Sacha Guitry. © Colección Javier de Castromori.

Marta Abreu había sido enterrada provisionalmente en la tumba de su cuñado Joseph Grancher y más tarde se realizaría una exhumacion de sus restos y los de Luis Estévez para ser depositados en la tumba que su hijo Pedro había hecho construir en el mismo cementerio parisino. Los restos de ambos patriotas, fueron trasladados en febrero de 1920 al panteón familial del Cementerio Cristóbal Colón de La Habana.
Para mi homenaje, les dejo aquí el prólogo de la biografía Marta Abreu. Una mujer comprendida, que le dedicara Pánfilo D. Camacho. También, más abajo, reproduzco extractos de una carta inédita de Marta Abreu a su hermana Rosa escrita durante el trayecto que hiciera en tren desde Philadelphia hasta Tampa donde debía asistir a la precipitada boda de su hijo Pedro con Catalina Lasa. Estos extractos de cartas, escaparon milagrosamente de las llamas pues era costumbre en Marta, perdir a sus remitentes de destruir la correspondencia íntima sobre asuntos familiares una vez leída por éstos. Conservo algunas de esas cartas en las que se refieren principalmente al caso de su nuera Catalina Lasa y el adulterio de ésta con Juan Pedro Baró; así como al divorcio de su hermana Rosalía con Domingo Sánchez-Toledo; ambas cartas son fundamentales para comprender mejor la psicología de Marta y los sucesos concernientes a los miembros de su familia. Algún día estas cartas verán también la luz.
Marta Abreu Arencibia. © Colección Javier de Castromori.

Prólogo de Pánfilo D. Camacho


"Marta Abreu y Arencibia es una mujer impar en nuestra tierra cubana. Sin que pretenda yo darle categoría de heroica a su figura, es lo cierto que su posición de mujer rica le permitió, por contraste, tomar un relieve sorprendente en tiempos en que un individualismo exagerado nublaba el entendimiento de la mayoría. Por ello, la insigne villaclareña merece que se exalten sus excepcionales actitudes, y es justa y encomiable la disposición oficial de que se publique su biografia como conmemoración a la fecha en que se cumplirá el primer centenario de su nacimiento.
Naturalmente, los personajes desprovistos de accidentes públicos tienen por regla general una breve biografía. Tratándose de una mujer a quien solo se le conoció un noviazgo, traducido después, por amor, en un matrimonio pleno de quietud espiritual y de felicidad conyugal, es lógico que su vivencia en la Tierra tenga únicamente como centro en que girar las multiples obras de beneficencia social y de aporte a la causa de la independencia de su patria. Sin embargo, Marta Abreu tuvo una continuidad tan persistente en sus desprendimientos en los aspectos aludidos que una relación incompleta de sus actos de munificencia permite hacer su biografia, que no pile-de separarse en modo alguno de la de su ilustre esposo, el doctor Luis Estévez y Romero.

Conviene ahora destacar el hecho de que, gracias al desinterés y la hombría de bien del que fué nuestro primer Vicepresidente de la República, pudo Marta Abreu acrecentar sus bienes materiales en forma suficiente para darse sin medida en beneficio de los pobres de Santa Clara y de la causa de la liberación de Cuba. Por tanto, el esposo es partícipe destacado de la obra altruista de Marta, y hay pruebas de que en muchos casos él fué el motor de plausibles realizaciones. Puede ser que no parezca congruente con la biografiada, mujer todo dignidad y respeto, el subtítulo de "Una mujer comprendida" dado a este libro, pero, cuando éste sea leído, se verá que Marta tuvo la rara suerte que muy pocas mujeres alcanzan de ser comprendida y amada fervientemente por un hombre que hasta llegó a renunciar al resto de su vida cuando le faltó la presencia de la esposa que idolatraba y por los hijos de su villa natal sobre quienes había derramado a torrentes su bondad y su riqueza.

La Habana, abril de 1947."

Extractos de una carta de Marta Abreu a su hermana Rosa.
Domingo 14 de agosto 1898

Querida Rosa: en camino para Tampa te pongo estas líneas para contarte la llegada de Rosalía, qué, aunque llenos de angustias ellos y nosotros no pudo ser en medio de mas tranquilidad para nosotros.
Sigo con lápiz porque con la pluma se me hace imposible escribir por lo mucho que se mueve el tren que ayer apenas se movia pero como pasé todo el día con dolor de cabeza no pude escribir.

[…]

Manuscrito de una carta de Marta Abreu a su hermana Rosa, destinado a ser destruído por las llamas. © Colección Javier de Castromori.

Vamos pues a tratar de la llegada. Se me ocurrió ocupar a Anna, con quien estoy en correspondencia desde que llegué aquí, tanto por lo inutil que es Luis para moverse y dar pasos, como por la falta del idioma que lo imposibilita a uno para todo, pues él puede hablar muy poco y no entiende nada, yo entiendo bastante pero no puedo decir tres palabras en inglés sin ser dos de ellas en francés, armo unas jerigonzas que nadie me entiende. Lo peor del caso es que ahora voy a olvidar el francés que ya había empezado a atrapar a fuerzas de trabajos. Estoy destinada a no saber espresarme más que en el mío. Pues bien, le dije a Anna que me esperara en el paradero del ferrocarril de Philadelphia a las 11 de la mañana y que no le dijera absolutamente a nadie ni a la familia que no quería que nadie mas que ella lo supiera. La pobre fue tan buena que no se contento con esperarme en el paradero del ferrocarril, sino que paso el río y me espero del otro lado. Una vez que nos vimos le dije vamos ahora a la casa de vapores Alemanes cuya dirección llevamos de aquí de casa de Welsh que el dependiente que habla español es Aleman. Allí por indicación de este mismo, pedimos un permiso para entrar en la parte del muelle destinada a los pasajeros. Entonces le dije que R. para hacerse ciudadana Americana venía sin los niños aprovechando la vacante de estos en que estaban con su padre, y que como ésto no convenia que se supiera le suplicaba la mayor reserva. Ella me lo prometió y yo lo creo firmemente. Me habló mal de Lolita, dice que es muy mal criada, esijente y dominante que no le falta mas que pegar al marido, y que las otras hermanas son lo mismo. […]
Sigo con el viaje o llegada de ella que no sé si podré concluir de describir aquí porque ya son las 6 de la tarde, tenemos que comer aquí y luego hacer mi toilet.
Pues bien, le dije solo que Rosalía venía de inconito para hacerse ciudadana y que se iría enseguida, que guardara el mayor secreto, y nos fuimos con ella a tomar un vaporcito que nos había de conducir al otro lado del río donde había un hotel aleman que recomendaba la compañía para pasar allí la noche por si el vapor llegaba muy temprano. Nos ospedamos allí y ella tambien paso con nosotros todo el día y la noche en ese hotel. Nos levantamos temprano, nos desayunamos y nos fuimos al muelle a preguntar la hora de entrada del buque. Volvimos a casa o sea al hotel, almorzamos lijeramente y al muelle otra vez ella y yo solas pues habiamos convenido que Luis no fuera para si había entre los pasajeros algun cubano que lo conocía no lo viera y sacara por él a ella que creiamos que no solo vendría con nombre supuesto sino disfrasada con alguna peluca y el cuerpo grueso y mal vestida.
Yo a mi vez me disfrasé poniendome un vestido muy estropeado, una blusa muy comun de algodón comprada en Philadelphia y un sombrero redondo de paja y un velo de lana muy oscuro y muy grueso que me hizo pasar los sofocones de Juan Quiñones.
Tambien temiamos que entre los que iban a esperar a los pasajeros hubiese algun cubano de los de N York que nos conociese y por ello fué que me disfrasé yo y no quise que Luis fuera porque era mas dificil taparle la cara para que no lo reconocieran.

[…]

Como se puede apreciar en esta fotografía, a pesar de su mal estado de conservación, Marta Abreu sufría de un mioma o fibroma uterino. © Colección Javier de Castromori.
El dependiente de Welsh se porto tan bien que todo el día, cada dos horas nos telegrafiaba diciendo no ha venido telegrama. Cada telegrama era un temblor de piernas para mi. Al fin llego el telegrama y entonces el temblor fue mayor, pues vi que venian los niños y que no teniamos preparado nada para evitar que se los quitaran. Quise telegrafiar a Philadelphia para que telegrafiaran a un abogado de Hoboken (que es el lugar donde anclan los buques alemanes y donde pasamos nosotros el día y la noche con Anna) para ir a esperar a los niños e impedir que los policias se apoderasen de ellos, pero ya no había tiempo para nada, estaba anunciado el vapor y un cuarto de hora nada mas faltaba para llegar y atracar al muelle. Corrimos Anna y yo para el muelle que esta a 3 cuadras del hotel. Allí vió Anna a un cubano conocido de ella y se apuro mucho porque no la conociera, le hice poner el abanico en la cara casi constantemente y la volvía de espalda a él, no hablamos apenas y lo poco que articulamos era en francés, sudabamos la gota gorda y ella llego a tener tanto miedo como yo, pues ya con ese telegrama no pude ocultarle la llegada de los niños y mis temores, pero no le dije por lo que venian sino siempre le seguí diciendo que por la ciudadania y todavia esta ella en esta creencia. Le dije que como Rosalía no queria separarse de sus hijos había cargado con ellos para acá en el mes de vacancia que tenian para pasar con ella y que cuando él lo supiera iba a ser capaz de mandarla a detener y yo temía ese sonrrojo. Entonces ella se asusto mucho tambien y empezó como yo a ver mas policias en el muelle que los que decia se acostumbraba a poner a la llegada de los vapores. Yo los veía secretear y me empapaba en sudor y decia siempre maldito telegrama el que puso ella si no lo pone tendriamos aquí un abogado y ya estariamos tranquilos. Tanto sudé que el corsé se me destiñó orriblemente, unas medias nuevas que traía me dejaron los piés y las piernas convertidas en piernas de turquesa. En fin llego el momento de atracar el buque y ya yo estaba que no me faltaba mas que gritar de miedo e incomodidad de vernos como yo creía cogidos como raton con queso. Se avansaron todos los pasajeros a la soga que los dividía de los que los esperaban para saludarlos y yo buscaba a Rosalía, me cojen entre dos alemanotes que se saludaban y se sacudían las manos sobre mi pecho de tal manera que me dejaron colorado todo el pecho, les grito barbaros, animales que así se estropea a una señora que haran udes en un naufrajio. Esto lo dije mitad en cada uno de los tres idiomas, pero a gritos, pero nadie me hizo caso saludando todo el mundo casi de la misma manera. Anna me defendió pero ellos ni escusas siquiera pidieron y eran personas de aspecto muy desentes. En fin yo me desahogué con ellos la incomodidad que tenía.
Un momento después quitaron la soga y todos entraron y nosotras fuimos de las primeras. Yo corría como una loca mirando todas las caras y sin encontar la de ella. Anna corría detras de mi diciendo ella no ha venido, yo me decía Dios mío ya la habran llevado entre policias, qué habra pasado virgen de la Caridad del Cobre? Y seguía ansiosa buscandola, llegué a figurarme que por venir tal vez muy disfrasada no la había yo reconocido y que tal vez ella a mi tampoco por mi espeso velo, decidí quitarme el velo para que fuera ella la que me conociera, volvi a pasar por delante de todos los pasajeros mirando todas las mujeres hasta que al fin entre las ultimas la vislumbré y corrí a ella que estaba nerviosisima porque nosotros no apareciamos ni tampoco el hombre del equipaje que atendió el nuestro tan bien.
[…]

Nota: Para la transcripción de estos extractos, he respetado la puntuación y la ortografía de su autor.
Biografías consagradas a Marta Abreu:
- Marta Abreu Arencibia y el Dr. Luis Estévez y Romero, Manuel García Garófalo Mesa (La Habana, Imprenta y Libreria La Moderna Poesía, 1925.
- Una cubana ejemplar, de José Manuel Pérez Cabrera (Impr. El Siglo XX, La Habana, 1945).
- Marta Abreu: una mujer comprendida, Pánfilo D. Camacho (Habana: Editorial Trópico, 1947), Ediciones Universal (reedición de 1995) .
- La ciudad de Marta y Marta de la ciudad, Rafael Marquina, Impr. El Siglo XX, La Habana, 1950.
- Alma y vida de Marta Abreu, Rafael Marquina, Editorial Lex, La Habana, 1951.

martes, 30 de septiembre de 2008

Mesalinas y chulos en tiempos de Yarini.

Corrían los tiempos en que los «souteners» (véase de la pronunciación cubana del francés «souteneurs», proxeneta o chulo cubano) usaban como peinado una melena recortada y partida al lado izquierdo, dejando caer en medio de la frente un mechón de cabellos encrespados; la barba bien rasurada, la cara llena de polvos de arroz y un aroma embriagador de esencias. Sin descuidar, claro está, los tatuajes y el impresindible talante de «guapo de barrio». Para ese entonces el barrio de San Isidro, santo labrador que «quita el agua y pone el sol», se había dotado, desde finales del siglo XIX, de cierta reputación.
Al asumir el ejercito de los Estados Unidos el mando provisional de Cuba, dicho barrio de San Isidro, reunió en él las llamadas cinco «zonas» que constituían hasta ese momento los epicentros de la prostitución en La Habana. Es durante los siglos XVI y XVII que en la capital de la isla proliferaron las llamadas «mujeres de mal vivir» que, hacían su agosto con la llegada de los barcos al puerto de La Habana. Según el doctor Benjamín de Céspedes en su libro La prostitución en la ciudad de La Habana, publicado en 1888, la prostitución comenzó a ejercerse en Cuba a través de las negras y mulatas esclavas, cuyos amos cobraban el producto de las entregas temporales de éstas, y dividían su afición en seis días de la semana para el «jugoso negocio» y el domingo para ir a la iglesia. Desde finales de siglo XIX, producto del empobrecimiento del país por las guerras de independendencia, el porcentaje de prostitutas blancas es mayor con respecto al de las tradicionales negras y mulatas. A estas últimas se suman las prostitutas extranjeras que llegaban a la capital. Según un reportero del diario La Lucha, en 1910, «llegaban a veces engañadas, a veces por su voluntad, y siempre atraídas por el oro, llegando a los puertos en grupos, acompañadas por algún paisano buen mozo, elegante y gastador. Este promete colocaciones de modistas, sombrereras, camareras, etc., luego las induce en la mala vida [...]». Estos grupos de extranjeras estaban formados en su gran mayoría, según los informes procurados por la policia a la prensa, por españolas: dicharacheras andaluzas y madrileñas. Luego se agregaban a la lista puertorriqueñas, mexicanas, americanas, francesas, austríacas, venezolanas, dominicanas y belgas. Siempre se supuso que eran Francia y Bélgica los principales países exportadores de mesalinas, pero el secreto de esto estriba en el apelativo que se le daba de «francesa» a todas las chicas foráneas que hablaban otro idioma distinto al español y al parecer también a la reputación que éstas tenían con respecto a sus prácticas sexuales. Fue sin embargo una francesa, Berthe La Fontaine, cariñosamente llamada «La Petite Bertha» en contraposición a la «La Grosse Bertha» -la más célebre pieza de la artillería alemana durante la primera guerra mundial-, quien sería el centro del célebre «affaire» conocido incluso en nuestros días.

Una casa de "vida alegre".

Decir Yarini en Cuba era dar una afiliación determinada al hombre mujeriego, picaflor, que tenía varias mujeres. No pocas son las leyendas que se crearon a raíz de los sucesos del mal famado barrio habanero y del cual varias plumas curiosas han intentado desde entonces reconstituir. Sobre este tema podemos citar la pieza de teatro Requiem por Yarini del dramaturgo Carlos Felipe, publicada en 1960.
Alberto Yarini y Ponce de León, a pesar de su reputación de manejador de mujeres, desciende de una familia acomodada de La Habana, cuyos orígenes se remontan en Italia y las Islas Canarias. Su padre, Cirilo José Aniceto Yarini, ocupaba la cátedra de Odontología de la Universidad de La Habana. Es en la capital cubana, en el año de 1884, que nace Alberto. Junto a su hermano mayor José Anastasio, quien morirá en 1925, ingresa en el Colegio San Melitón, pasando luego ambos, en 1894, a continuar estudios de Odontología en los Estados Unidos. Al regreso de los hermanos Yarini en 1900 a la capital, el mayor, José Anastasio, revalida su título de cirujano dental en la Universidad de La Habana, no sucediendo así con Alberto, en quien la predilección por la «vida alegre» primaba.
Rara nobleza de carácter solía atribuírsele a Yarini, al mismo tiempo en que era visto como uno de los hombres mejor vestidos de la ciudad. Su personalidad, su amabilidad y atrayente simpatía, le valían la admiración de mujeres y hombres. Gustaba pasearse a caballo por el Paseo del Prado y por el Malecón, así como por las afueras de la capital, pasatiempo que le permitía hacer gala de su prestancia a la hora de ejercer sus dotes de rompecorazones. Por su casa de la calle de Paula, solían desfilar a diario numerosas personas necesitadas para las cuales su monedero era el primero en abrirse y el último en cerrarse. También a causa de su origen familial y de su cargo de presidente de los Conservadores de San Isidro, Yarini se relacionaba al mismo tiempo con personajes de la vida pública cubana.
Un aspecto de la personalidad de Yarini es la historia de la que se hizo eco el diario La Lucha durante la segunda intervención norteamericana, en la que el célebre proxeneta fue el centro del escándalo. La acción transcurrió en el café El Cosmopolita de la famosa Acera del Louvre en el cual se encontraba junto a un grupo de amigos, entre ellos el general Jesús Rabí. Allí escuchó por boca de dos norteamericanos: «…por eso no me gusta este país -decía uno de ellos- aquí los negros entran juntos con los blancos en todas partes…» Y como el joven Alberto comprendía el inglés, se las arregló para que sus acompañantes lo siguieran a abandonar el lugar. Una vez en la calle buscó un pretexto para regresar al café y hacerle saber a los américanos que sus ofensivas palabras estaban fuera de lugar y que el negro que lo acompañaba no era ni más ni menos que el Mayor General Rabí, héroe de la lucha insurrecta contra el dominio español. El ambiente se había rapidamente caldeado y como buen criollo terminará esta historia a trompadas, fracturando el máxilar de uno de los americanos que no era otro que el Encargado de Negocios del gobierno de los Estados Unidos.
La vida de proxeneta de Yarini se había desarrollado hasta el momento de los sucesos de San Isidro en una relativa calma, hasta la llegada al puerto de La Habana, en 1909, procedente de Francia, de una joven rubita llamada Berthe La Fontaine quien muy pronto responderá al apodo de la «Petite Berta». La francesita, había sido traída a Cuba por un paisano suyo llamado Louis Lotot, «honorable» chulo francés que hacía sus viajes entre La Habana y Europa en busca de nuevas «mercancías». Fue durante uno de los viajes de Lotot que la «Petite Bertha» se puso bajo la sombra augusta de Alberto Yarini.
A su regreso de Europa, tres meses después, Lotot, enterado de lo ocurrido en su ausencia, es recibido por su infiel amigo Yarini en el muelle de La Machina. El galo en tono armónico le dice a Yarini: « - Alberto, sé que Berta vive contigo. Estáte tranquilo, no te la voy a enamorar. Pero eso sí, si ella me manda a buscar, me la llevo.»
Luego los dos amigos salieron a tomar unas copas en un bar cercano a los muelles, como si nada hubiera pasado. Poco tiempo después Bertha le escribía a su ex amante que la fuera a buscar, pues estaba dispuesta a volver con él. Es entonces que la intriga y las comidillas se propagaron por todos los prostíbulos, cafés y centros de diversión. «Lotot -escribió el diario La Lucha- gran filósofo en su especial modo de vivir, lejos de reñir con Yarini, hízole saber que estaba en Cuba como había estado en otras partes del mundo «para explotar mujeres», «no para hacerse matar por ellas».
La crítica de otros proxenetas franceses e italianos contra Lotot se hizo sentir, argumentando estos que era una debilidad de Lotot el no haber defendido a capa y espada su joyita francesa.
Pronto la situación entre «apaches» (franceses e italianos) y «guayabitos» (cubanos) se tensaría. Los «apaches», molesto por las vejaciones a que eran sometidos por los «guayabitos», deciden tomar revancha reuniéndose en una fonda situada en la calle Habana esquina Desamparados. A este grupo se agregaron poco después Louis Lotot, Joseph Quobrier, Jean Petijean, Jean Boggio, Cesare Mona, Ernest Lavière, Raoul Finet, Cécil Bazzul y Valeti. Todos excitaron a Lotot para que vengara la afronta, acordando así los reunidos de cooperar en el asunto que Lotot quedaba forzado a ventilar.
El ya mencionado diario La Lucha, relata que «Lotot se dirigió al café Habana, conocido por «El de Victor», acompañado de Jean Petijean, donde tomaron unas copas; y después por San Isidro se dirigieron hacia Compostela, donde encontraron a Alberto Yarini frente al número 60, en cuyo lugar sostuvieron una reyerta a tiros, interviniendo en la misma José Basterrechea, conocido por «Pepito», íntimo y acompañante de Yarini, quien descargó su revólver contra Lotot. Con anterioridad al hecho se habían situado en la azotea de la casa número 61, y también en la planta baja, Jean Boggio, Cesare Mona, Ernest Lavière, Valeti y Bozzul, quienes desde la azotea dispararon sus revólveres contra Yarini, siendo éste el motivo de que dicho joven recibiera dos heridas de arriba a abajo».
Lotot, que vestía un traje carmelita, con bombín, murió en el acto. Yarini, herido de muerte, fue transportado al hospital de Emergencias, situado entonces en la esquina de Salud y Cerrada del Paseo.
Esa noche en el Molino Rojo, de Galiano y Neptuno, La Chelito cantaba su aplaudido couplet La Pulga; mientras en el Nacional se estrenaba Lo Cursi del dramaturgo español Jacinto Benavente. Mario Sorongo por su parte, estrenaba en el Martí su obra Una rumba en los aires y Eduardo Robreño en el Payret su Napoleón. Las muchachas leían con deleite a Carolina Invernizzo. Los salones se inundaban con los valses de Strauss. Esperanza Iris triunfaba como reina de la opereta. En el Parque Central, los grupos de aficionados del béisbol comentaban el formidable empate logrado por Méndez en su «pitcheo» contra el Detroit.
Mientras la noche habanera se sumía bajo todos sus espectáculos en el hospital de Emergencia, el corazón de veintiséis años del Don Juan cubano, dejaba de latir a las diez y treinta y cinco de la noche.
El cadáver de Yarini, custodiado por la policía, fue trasladado a la residencia familial de Galiano 22, entre Animas y Lagunas. Sus amigos políticos habían organizado todo para velarlo en el Círculo Conservador, pero su padre se opuso rotundamente.
El entierro tuvo lugar en la mañana del jueves 24 de noviembre de 1910. Todas las capas sociales se dieron cita en el mismo. Su heterogeneidad estaba dada por la mezcla de sus participantes: el ñáñigo desfilaba al lado del catedrático, el político junto a la prostituta, el truhán junto al policía… Cuenta el periodista Ramón G. Mora, que en Reina y Belascoaín, cuando el féretro iba a ser introducido en la carroza, el pueblo se amotinó, impidiéndolo. Ese mismo pueblo más tarde llevaría de boca en boca las coplas que imortalizarían al chulo Yarini:

Franceses carentes de honor,
salid de Cuba en seguida,
si no queréis que Yarini
os arranque vuestra vida.

O mejor aquélla que resume su vida:

Nada temas, la vida te sonríe
sigue en pos de la orgía y los placeres,
pues las torpes mesalinas, cada vez,
raudal de oro vierten a tus pies.

En medio de tu vida de placeres
cual si fueran traídos para ti,
más sinceros que besos de mujeres,
son los consejos que te di…