jueves, 10 de diciembre de 2015
sábado, 6 de septiembre de 2014
De casta le viene al galgo... Claudio Brindis de Salas Monte (1800 - 1872), padre del "Rey de las octavas".
miércoles, 27 de agosto de 2014
Bobadillerías... I "Estrada Pelma (Yambú crítico)" de Fray Candil.
Cayó Estrada Palma, o Pelma, como la piedra en la laguna
“Con rudo golpe en la insondable fosa.”
No me sorprende que haya caído. Lo que me sorprende es que subiese,
sobre todo, tratándose de un país donde el que menos se cree un Epaminondas o...
un Bismarck.
Cuando le vi – por vez primera y única – en Nueva York, a mi paso para
Colombia, para la dulce y triste Colombia, no pude menos de pensar:
“este hombre, por lo mismo que no vale un rábano, irá lejos.”
No tenía dientes y no se daba lustre en las botas. No tener dientes en
el país clásico de los dentistas, y no darse lustre en el país clásico de los
limpiabotas... se me antojó un colmo.
Luego, fijándome en su frente de mono, en su boca hundida y en sus
bigotes de chino, descubrí que era malo,
solapadamente malo. ¿Quién puede ser bueno con una frente así, de un dedo de
ancho? La antropología sirve para algo; por lo menos, para ver venir a los
presidentes de repúblicas efímeras.
Ahora me explico su traición. Si no llegan los sarracenos y le echan
de la poltrona presidencial, fusila a media isla y se declara dictador, como
casi todos sus congéneres de la América latina. ¡Qué poco le duró el prestigio!
Lo que al negro del cuento, la levita. Aquí sí que viene a pelo: don Tomás, ya
comiste, ya te vas, o más exactamente: te fueron.
¿Qué hace ahora el antiguo maestro de escuela? ¿Se habrá dedicado,
como el Cándido, de Voltaire a sembrar azamboas o yuca?
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| Tomás Estrada Palma (1832-1908), primer presidente de la República cubana. © University of Miami Libraries. Cuban Heritage Collection. |
No era otro el consejo que daba Mefistófeles a Fausto en la última
escena de la primera parte del famoso poema.
No me parece bien que los que subieron con él, y gracias a él,
sigan tan campantes llenándose la tripa a costa del pueblo.
¿Por qué no cayó Gonzalo de Quesada, ese Absalón de tiple y guayo? ¿Qué
hace Quesada en Washington?
¿Para qué sirve Quesada?
Pues no sirve para nada.
Por lo mismo que no sino para nada, a no ser para retratarse al pie de
anuncios de específicos que hacen crecer el pelo (sí, le he visto en un
periódico, la melena al viento, con un frasco en la diestra); como no estorba –
¡Y cuidado si el mozo es ambiciosillo! – ahí le han dejado, de ministro de una república
ilusoria, acéfala.
Cualquier día renuncia Quesada a pasar por orador entre los yanquis,
hombres prácticos, pero mudos, como los perros de los caribes que halló Colón
en las Antillas.
– Pero usted - me dirán los que están enterados de las cosas del país –
no sabe de la misa la media. ¡Renunciar Quesada! Ignora usted que aquí nadie
renuncia. Si el puesto fuese gratis, tal vez. Ya ve usted el trabajo que
costó – una guerra civil nada menos – que don Tomás soltase el güiro.
Quesada, en vez de renunciar, se ha ido... al Haya, a abogar por la
paz europea y el desarme universal. Tiene gracia: un país que acaba de sublevarse
y que, dicho sea de paso, carece de personalidad, puesto que está intervenido
¡mandando al Haya (allá se las haya), representantes para que prediquen la
paz!
– No, no van a predicar paz ninguna - me dirán los que están enterados
de las cosas del país. –Van a pasearse, a sacudir el hígado.
Por de contado que Quesada romperá el fuego.
– No lo crea usted. Manuel Sanguily no se lo permitirá. Bueno es don
Manuel para dejarse coger la delantera oratoria.
– Bueno, hablarán los dos a la vez. Lo probable es que no hable
ninguno.
No hagamos á Sanguily la ofensa de compararle con Melenas, a
quien los congresistas holandeses tomarán por una medusa de los trópicos.
Porque es lo único llamativo que tiene Gonzalillo: el pelo. Por eso se lo tomo.
Volvamos a Estrada Pelma. Por lo mismo que nada le debo, ni nada le
pedí nunca, me acuerdo de él.
¡Qué a menudo me sucede – automatismo pnemotécnico – acordarme de
individuos que vi por casualidad no sé dónde, que no dejaron en mi espíritu huella
intelectual alguna! Y al acordarme de él he pensado: yo, que me limpio las
botas a diario, que no tengo frente de mono, no hubiera llegado nunca a
presidente ni a ministro siquiera.
Estrada aguardó a subir para darse lustre. En cuanto a no tener
dientes, ha sido una fortuna para el país. ¡Si no teniéndoles quiso morder!..
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| Vista del Monumento a Estrada Palma en La Habana, 1945. © University of Miami Libraries. Cuban Heritage Collection. |
Pobre don Tomás: como el personaje de “Si j'étais roi”, se acostó presidente y despertó...
maestro de escuela. Le queda un consuelo: recordar en su bohío que fue un
día G grande y buen amigo » de los amos de la tierra. No todos podemos darnos
ese gusto, aunque nos limpiemos a diario las botas y tengamos todos los
dientes.
Quesadita, mírate... en esas botas y córtate el pelo, a no ser que,
cansado de la diplomacia, te dediques a violinista.
Nada de lo ocurrido impedirá que, andando el tiempo, canonicen a
Estrada Palma, como han hecho con otros, tan güiras cimarronas como él. “Para canonizar a los santos – decía
Voltaire – sólo se espera a que desaparezcan
los testigos de sus tonterías.”
Y no me sorprendería que hasta le erigiesen una estatua. Por mí, que
se la levanten. ¡Para lo que sirven, después de todo, las estatuas! Para que se
orinen en ellas, de noche, los borrachos y, de día, los perros.
Justicia inmanente
de la historia...
Emilio
Bobadilla (Fray Candil), (1862-1921)
Muecas. Crítica y sátira, Sociedad de Ediciones Literarias y Artísticas,
Librería Pierre Ollendorff, París, 1908.
jueves, 8 de mayo de 2014
Emilia Bernal Aguero, en el 132 aniversario de su nacimiento.
© Las imágenes de los manuscritos pertenecen a la Cuban Heritage Collection, University of Miami Libraries.
jueves, 16 de enero de 2014
El hijo martiniqués de Brindis de Salas y sus otros presuntos vástagos.
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| Claudio José Domingo Brindis de Salas y Garrido. © Colección Museo Fratelli Alinari, Florencia (Italia). |
Ciertos investigadores y periodistas sostienen que Brindis de Salas tuvo un matrimonio con una dama de la extinta Prusia y que de esa unión dos o tres hijos varones vieron la luz; incluso, el propio Brindis en una carta dirigida al director del diario La Nación, en 1889, da testimonio de la existencia de una familia alemana:
"Señor Director de La Nación. Parto mañana a reunirme con mi familia en Berlín, y deseo, antes de dejar estas playas de las que conservaré dulce recuerdo, expresar a la prensa de Buenos Aires cuán profunda gratitud llevo en el alma por la benevolencia con que me ha juzgado como artista, y por la consideración con que me ha tratado personalmente."[1]Tanto de la dama prusiana como de los dos o tres hijos, hasta hoy, no existe huella alguna que pueda sentenciar la existencia o no de la familia germana; la escasa información con que contamos dificulta seriamente la investigación de esta parte oscura de la vida de Brindis de Salas.
Hay quienes afirman o retoman la información no verificada, como la del periodista Máximo Sánchez en el The Pittsburg Courrier de 1949, donde nos dice que el matrimonio alemán fue infeliz rápidamente, que Brindis abandonó el hogar dejando tres hijos, una hembra y dos varones, de los cuales nunca más se ocupó ni volvió a ver. También comenta como ambos hijos varones habían sido miembros activos del partido nazi durante la Segunda Guerra Mundial [2], información no muy coherente visto que toda descendencia de Brindis sería forzosamente mestiza, aspecto incompatible con la ideología nazi.
También ciertos investigadores han sugerido la posibilidad de que la poetisa uruguaya Virginia Brindis de Salas forme parte de la progenitura del violinista cubano, pero al parecer Iris Virginia Salas Rodríguez, de su verdadero nombre y apellidos, nacida en Montevideo, el 18 de setiembre de 1908, era hija de José Salas y María Blanca Rodríguez. Se dice que la poetisa uruguaya agregó al apellido paterno el "Brindis" de quien su padre decía ser primo del "Paganini negro" habanero.
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| Virginia Brindis de Salas (Montevideo, 1908–1958). |
Louis Joseph Virgile Claude Brindis de Salas.
El viernes 28 de junio de 1878, el músico cubano llega a Saint-Pierre (Martinica) en el vapor "Cacique", proveniente de Santo Tomás (Barbados), la isla Margarita (Venezuela) y La Habana (principal puerto de salida). Veintitrés días después, el sábado 20 de julio, Brindis de Salas, de 26 años, contraía matrimonio con la señorita Marguerite Rose Hortense Fouché, de 24 años, sin profesión, domiciliada y nacida en esa ciudad, el 19 de marzo de 1854. Diez meses más tarde, el 12 de mayo de 1879, a las cinco de la tarde, nacía de esta unión un varón, Louis Joseph Virgile Claude Brindis de Salas; su padre, ausente, andaba lejos, seguramente interpretando la Cavatina de Raff o la Polaca en re mayor de Wieniawski en el Teatro y Circo del Príncipe Alfonso de Madrid.
El hallazgo del matrimonio de Brindis y Hortence, así como el nacimiento del hijo Claude, lo debemos al escritor e investigador cubano Rogelio Saunders, quien desenterró para la historia biográfica del músico cubano las actas de matrimonio y nacimiento, traducidas y publicadas en 2006 en la revista digital "La Habana Elegante", que edita el amigo Francisco Morán.
¿Cómo y cuándo se conocieron Hortense y Brindis?
¿Acaso venía el músico cubano expresamente para concluir una boda ya programada de antemano, visto la precipitación?
Probablemente, visto que los esponsales se llevaron a cabo sólo veintitrés días después de su llegada a la isla caribeña. Algún tiempo se dio el apresurado músico-viajante de consumar el matrimonio, engendrar una descendencia y dar dos o tres representaciones antes de tomar rumbo nuevamente hacia Europa seis meses después.
¿En esa agitación de viajes y conciertos, llegó Brindis de Salas a volver a ver a su familia antillana, a conocer el hijo nacido durante una larga ausencia? ¿Pese a sus incesantes viajes, el matrimonio con Hortense tuvo una cierta estabilidad y continuidad? ¿Y el pequeño Claude, volvió a ver alguna vez a su padre?
¿Por qué en la carta fechada del 31 de octubre de 1889 al director de La Nación y publicada en dicho periódico dos días más tarde Brindis de Salas expresa el deber de partir hacia Berlín donde le espera su familia alemana? ¿Acaso el artista practicaba la bigamia y la mentira manteniendo dos familias diferentes, separadas por un océano? o ¿Tal vez, y para aquel entonces, ya había abandonado definitivamente su familia martiniquesa y había reconstituido un nuevo hogar, una nueva familia bajo el signo del "Segundo Reich"?
Si tal fue el caso, el divorcio con Hortense tuvo que haberse realizado después de julio de 1884, fecha en que la Tercera República francesa restablece la ley de divorcio luego de 68 años de haber sido abrogada por el régimen de la Restauración; eso sí, sin restablecer el divorcio por consentimiento mutuo.
Es evidente la incompatibilidad de Brindis con la vida familiar. La pobre Hortense morirá, el 8 de mayo de 1902, víctima del seísmo provocado por el volcán la Montagne Pellée que devastaría la ciudad de Saint-Pierre de Martinica y que dejaría huérfano de madre al joven Claude de 23 años, quien pudo salvarse de la catástrofe. La información sobre el fallecimiento de Mme Brindis de Salas la encontramos en una carta que ésta dirigió dos días antes de su muerte, el 6 de mayo, a Mme Josa, pariente de su hermano Rodolphe Fouché, alcalde de Saint-Pierre.
"Saint-Pierre, 6 de mayo de 1902¿Dónde andaba el Caballero Brindis de Salas cuando ocurrió la catástrofe? Quizás muy cerca, en La Habana, donde según fuentes, ese mismo año ofreció un concierto en el Teatro Principal. Quizás en Tenerife, en el Teatro de Santa Cruz, donde también ése mismo año había regresado dos veces. ¿Quién sabe? Lo cierto es que al parecer no guardó ninguna relación con Hortence y Claude, su hijo martiniqués.
Mi querida Marguerite,
Agradecemos mucho vuestra amable proposición, pero no pudiendo abandonar la casa, esperaremos con resignación y sumisión la voluntad de Dios, la muerte prematura.
Los besamos a todos, quizás por última vez.
Vuestra piadosa prima.
H. Brindis de Salas, nacida Fouché." [3]
Recientemente, mi incesante testarudez se vio recompensada con unas notas de algunos diarios parisinos, en la que Claude Brindis de Salas, único hijo hasta ahora probado del Rey de las Octavas, se daba a relucir.[4]
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| El Bien Público, Mahon, 19 de febrero de 1889. |
En la mañana del 11 de julio de 1906, los inspectores de policía Le Cointe y Hingant, interpelaban a tres traficantes, sorprendidos in flagranti cuando se disponían a pagar con falsa moneda en un comercio cercano al domicilio de Claude. Hacía algún tiempo la policía parisina andaba detrás de diferentes bandas de falsificadores de moneda que fabricaban en España y blanqueaban en Francia gracias a una red de múltiples personas. Entre los traficantes se encontraba Claude, hijo de Brindis de Salas, su novia y un cómplice llamado Alfred Roussel de 28 años, comerciante y vecino del hijo Brindis.
Cuenta la prensa de la época [5] que la policía comenzó a sospechar de las acciones de Claude Brindis de Salas, cuando en repetidas ocasiones logró poner en circulación la falsa moneda de los traficantes españoles. El joven afinador de pianos, quien pretendía no estar al corriente de la falsedad de dichas monedas, al parecer recurría con frecuencia a diferentes farmacias del barrio en busca de pequeñas dosis de Permanganato de potasio que pagaba con la falsa moneda. El 2 de julio, días antes de su arresto, Claude se presentaba a una farmacia de la rue Lepic donde pagaba con una pieza falsa de un franco, diez céntimos del preciado permanganato; y así, sucesivamente repetía la compra en otras farmacias y comercios del barrio.
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| La Lanterne, París, 30 de diciembre de 1906. |
Encontrábase una noche en un café de la Place Clichy y un individuo que él conocía solamente de vista se le acercó y le pidió de favor ir a tirar en una alcantarilla cercana un rollo de cien piezas de falsas monedas de un franco, pretextando no poder hacerlo él mismo ya que se sabía vigilado por la policía. Claude tomó el rollo de monedas y, una vez en su casa, le parecieron que no eran falsas. Agregó además que de las cien monedas sólo utilizó unas treinta y que el resto las lanzó por la ventana el día en que la policía requisó su apartamento.
Al parecer el gusto por el permanganato de potasio salvó al joven Brindis a quien el juzgado absolvió de dicha acusación.
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| Le Petit Parisien, Paris, 29 décembre 1906. |
En un "Boletín de la Unión Velocípeda de Francia" de mayo de 1914, días antes que se declarara la Primera guerra Mundial, encontramos que entre los candidatos a integrar dicha Unión está nuestro Claude Brindis de Salas, domiciliado en el número 7 de la rue de Calais en el noveno distrito de Paris, a la frontera del histórico barrio conocido bajo el nombre de "Nouvelle Athènes", a dos pasos de donde viviera el compositor francés Hector Berlioz. [6]
¿Qué se hizo Claude después de la primera contienda mundial? ¿Sobrevivió a los nueve millones de soldados caídos en combate?
Encontramos, en el "Moniteur de la papeterie française et de l'industrie du papier", del 1 de noviembre de 1921, la creación de la "Sociedad Minerva, Brindis de Salas y Odeide de Sénicourt", cuya razón social estaba formada en una Sociedad de nombre colectivo para la explotación de un comercio de imprenta y papelería situado en el número 14 de la rue Vauvenargues y de un capital de 28 mil francos. [7]
¿Sería este Brindis de Salas nuestro Claude? La probabilidad es casi segura, pero por el momento no se puede confirmar a falta de elementos contundentes. Veamos lo que nos depara el futuro de esta investigación y el de otras que se llevan a cabo.
Mientras más hurgamos en las zonas oscuras de la biografía del caballero Brindis de Salas, nos damos cuenta de lo conflictiva que fueron sus relaciones con cada una de las posibles familias que fundó. El hecho de que a su muerte, en la lejana Casa de Beneficencia de Buenos Aires, ninguno de los integrantes de su familia se hayan manifestado y recuperado el cuerpo deja mucho que pensar acerca de la relación con sus hijos. Queda mucho por descubrir; esperemos que otros hallazgos se presenten para completar esta historia, la del Paganini negro, muerto en la más absoluta miseria y olvidado de todos, incluso, de su propia progenitura.
© Javier de Castromori
Montpellier, 15 de enero de 2013.
Nota:
Con este post quisiera llamar la atención del lector L.E. Salas, quien en el post de este mismo blog ICONOGRAFIA CUBANA XIX : "¡Sí, soy Brindis de Salas. Pero me muero..!" del 20 de enero de 2010, manifestaba en un comentario: "Este Señor es mi great great great grandfather." ¿Podría, por favor, explicarnos el parentesco? Puede escribirnos a: memorandumhojasdeprensa@gmail.com
Referencias consultadas:
[1] Rogelio Saunders, "Los descendientes de Brindis de Salas.", La Habana Elegante, primavera-verano de 2006.
[2] Máximo Sánchez, "Claudio Brindis de Salas. One of the world’s greatest violinists.", The Pittsburg Courrier, 19 de noviembre de 1949, p. 7
[3] Jean Hess, "La catastrophe de la Martinique : notes d'un reporter.", Fasquelle, Paris, 1902. p. 249
[4] Diarios parisinos consultados: Le Figaro, París, 11 de julio de 1906; Journal des débats politiques et littéraires, París, 12 de julio de 1906; Gil Blas, París, 29 de diciembre de 1906; La Presse, París, 29 de diciembre de 1906; Le Petit Parisien, París, 29 de diciembre de 1906; L'Intransigeant, París, 29 de diciembre de 1906; Le Petit Journal, París, 29 de diciembre de 1906; Le Matin, París, 29 de diciembre de 1906; La Lanterne, París, 30 de diciembre de 1906.
[5] Idem. referencia [4].
[6] Bulletin officiel de l'Union vélocipédique de France, París, mayo de 1914, p. 94
[7] Moniteur de la papeterie française et de l'industrie du papier, París, 1 de noviembre de 1921, p. 702
miércoles, 30 de octubre de 2013
La moneda cubana: símbolo de la independencia nacional.
En su número 60, año sexto, de septiembre 1954, La Revue Française dedica un dossier de unas veinte páginas a Cuba. Entre los textos aparecen una biografía complaciente de Fulgencio Batista, firmada por Enrique Serpa; un texto amplio sobre la producción de caña de azúcar: «La production de canne à sucre», del Presidente del Comité Ejecutivo Nacional de la Asociación de Colonos de Cuba, Ismael Camarada-Toledo; otro sobre los franceses en La Habana, firmado por Georges Dor, y cuatro cuyos autores no han sido precisados: «La Havane: ville internationale»; «Les échanges commerciaux franco-cubains»; «Activité economique: Activités ‘Hamelle’ à Cuba - L’île du tabac», y «La monnaie cubaine, symbole de l’Indépendence Nationale». Por el interés que encierra este último artículo he decidido reproducirlo aquí, traducido del francés.
En el momento en que fue instituida, en 1902, la República de Cuba, el dólar estadounidense había adquirido una preponderancia oficial en el país, como consecuencia de diversos factores de orden político-económico. Durante la ocupación militar norteamericana de la isla, luego de los acontecimientos históricos que determinaron la firma del Tratado de París, a través del cual, el 10 de diciembre de 1898, España renunciaba a su soberanía secular sobre Cuba, el gobierno interventor promulgó un decreto que fijaba el valor, en relación con la moneda norteamericana, de los centenos españoles y los luises franceses que circulaban en el territorio cubano, y se utilizaban en las transacciones comerciales. De esta manera, el dólar había sido promovido al rango de moneda oficial, se aceptaba como forma de pago de las rentas públicas, y se había convertido en la unidad de referencia para establecer el valor de las otras monedas. Esta medida no le ofrecía al país un sistema monetario, pero logró proporcionar un poco de orden en el caos de signos monetarios de oro y plata que circulaban entonces.
Fue solamente en 1914, que se creó una moneda cubana y se asentaron las bases de un sistema monetario nacional, pero hubo que esperar largos años para dotarla de personalidad independiente. La llamada ley «de defensa económica», cuyo principal inspirador fue el ilustre cubano, Dr. Leopoldo Cancio Luna, decidió el acuño, bajo el monopolio exclusivo del Estado, de una moneda fundamentada por su patrón en oro. El peso quedó definido como unidad monetaria nacional, con el mismo contenido de oro puro que el dólar de Estados Unidos; se decidió que sólo la moneda nacional y el dólar tendrían curso legal y fuerza liberatoria en los pagos crediticios. A pesar de esto, el nuevo sistema monetario carecía de la flexibilidad necesaria para adaptar su circulación al proceso de expansión económica que se desarrollaba, ya que éste no establecía un organismo central de control de la función monetaria, y el volumen de los medios de pago se había vuelto dependiente de los movimientos en la balanza de pagos y créditos bancarios; pero, en la práctica, al establecerse el dólar en el rango de moneda de primordial importancia en el país, por su uso tanto interno como internacional, ese sistema facilitaba las inversiones extranjeras, gracias a la garantía de estabilidad en el canje.
La progresiva desaparición de las monedas de oro, casi desde el comienzo de su acuñación, afincó el papel preponderante del dólar como moneda principal en el seno de la economía nacional; la reforma monetaria consagró, en lo adelante, un sistema monetario automático, dado que el elemento fiduciario de las monedas de plata y níquel estaba limitado por la reducida cantidad cuyo acuñamiento estaba autorizado.
El dólar conservó la posición de moneda fundamental hasta 1932, año en que se comenzó a acuñar una serie de monedas de plata; de 1932 a 1939, las emisiones alcanzaron más de 80 millones de pesos y, por primera vez, se autorizó la emisión de certificados de dinero, garantizados por las monedas de plata acuñadas. Al mismo tiempo, se reconoció un poder liberatorio ilimitado para las monedas de plata, poder que, hasta la fecha, estaba restringido; y se introdujo así un cambio fundamental en el sistema creado en 1914, puesto que quedó establecido, de hecho, un nuevo patrón monetario: el peso de plata, moneda de carácter parcialmente fiduciario.
Ese sistema dual de circulación interior del dólar y del peso debía permitir a este último, en definitiva, jugar el papel que le correspondía como moneda en el seno de la comunidad nacional de pagos, quedando reservado el dólar para transacciones internacionales.
En 1942, una nueva legislación se propuso como objetivo la unificación del régimen monetario: tomando como base al peso, centralizó las reservas monetarias y autorizó la emisión de certificados de dinero cubano, garantizados a razón de un 98% con respecto a los dólares, a los valores en dólares o en oro. De esta manera, el elemento fiduciario de la moneda fue limitado al 2%, correspondiendo a los gastos de emisión ocasionados.
Los acontecimientos de la guerra provocarían una fuerte aumentación de las reservas monetarias oficiales y acrecentaron la circulación interior del dólar, que beneficiaba aún del curso legal y del poder liberatorio. Ese proceso de centralización y de acrecentamiento de las reservas internacionales del país constituyó una coyuntura excepcionalmente favorable para la creación de un banco central de emisión y de redescuento, fundado a raíz de la ley n° 13 de 1948, que marcaba una etapa decisiva en la consolidación de la moneda nacional cubana.
La nueva institución, el Banco Nacional de Cuba, es un banco de bancos; goza del privilegio exclusivo de emisión; cumple la función de prestamista de última instancia, aumentando la capacidad de crédito del banco privado, gracias a las operaciones de redescuento o de adelantos a corto término, garantizados por los documentos suministrados por la agricultura, la industria o el comercio. Esta función permite al banco de influenciar sobre el volumen total del crédito y de alentar, en la medida donde esto sea posible para la política monetaria, las actividades productivas más favorables al desarrollo económico de la nación.
Conformemente al sistema en vigor bajo la ley n° 5 de 1942, el papel de la Tesorería era puramente automático o pasivo, en lo que concierne a la expansión o a la restricción de crédito, quedando sumisas las emisiones a las fluctuaciones de la balanza de pagos. En cambio, el Banco Nacional de Cuba puede incidir en la elasticidad y el efectivo de la estructura de crédito, aumentando o restringiendo el volumen de éste, conforme a las necesidades del comercio y la producción.
La unidad monetaria de la República, el peso, está respaldado contra su valor en oro, quedando fijo su contenido en 0,888671 gramos. Esta unidad es en realidad teórica, puesto que está prohibida la acuñación de monedas de oro, y si el banco debe mantener la convertibilidad de sus reservas monetarias de oro y de divisas extranjeras convertibles también en oro, no está por ello obligado a volver a comprar su déficit monetario con oro metálico, sino que puede introducir bonos comprados en el mercado extranjero, utilizando como patrón el oro o las monedas convertibles en éste. De hecho, el patrón monetario es más bien un patrón de divisa en oro.
El dólar ha sido privado de su poder liberatorio en el país, aunque, ya desde 1947, había desaparecido en gran medida de la circulación interior; ello contribuye a incrementar las reservas monetarias oficiales del país y a reforzar la moneda nacional, que se ha convertido actualmente en una de las más sólidas del mundo.
Cuando fue inaugurado oficialmente el Banco Nacional de Cuba, el 27 de abril de 1950, las reservas monetarias oficiales en oro y en divisas extranjeras convertibles en oro, ascendían a 439 millones de pesos, y, en abril de 1954, alcanzaban la elevada cifra de 536 millones, o sea, una garantía del 79% del déficit monetario y bancario de la Institución.
En sus cuatro años de vida, el Banco Nacional de Cuba ha consagrado lo mejor de sus esfuerzos en consolidar la independencia monetaria y reafirmar la gran confianza que inspira el peso cubano, puesto en una escala de igualdad con respecto al dólar, en un régimen de libertad de cambio cuyo mantenimiento está ampliamente garantizado por el estado actual de las reservas monetarias.
Esas reservas no son solamente la salvaguardia de la estabilidad monetaria cubana, sino que constituyen también una base esencial en el proceso gradual y creciente desarrollo económico al que aspira el país, a fin de mantener y mejorar su nivel de bienestar moral y material.
Traducido del francés por Javier de Castromori.
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| Felipe Pazos, fundador y primer presidente del Banco Nacional de Cuba. © University of Miami Libraries. Cuban Heritage Collection. |
Fue solamente en 1914, que se creó una moneda cubana y se asentaron las bases de un sistema monetario nacional, pero hubo que esperar largos años para dotarla de personalidad independiente. La llamada ley «de defensa económica», cuyo principal inspirador fue el ilustre cubano, Dr. Leopoldo Cancio Luna, decidió el acuño, bajo el monopolio exclusivo del Estado, de una moneda fundamentada por su patrón en oro. El peso quedó definido como unidad monetaria nacional, con el mismo contenido de oro puro que el dólar de Estados Unidos; se decidió que sólo la moneda nacional y el dólar tendrían curso legal y fuerza liberatoria en los pagos crediticios. A pesar de esto, el nuevo sistema monetario carecía de la flexibilidad necesaria para adaptar su circulación al proceso de expansión económica que se desarrollaba, ya que éste no establecía un organismo central de control de la función monetaria, y el volumen de los medios de pago se había vuelto dependiente de los movimientos en la balanza de pagos y créditos bancarios; pero, en la práctica, al establecerse el dólar en el rango de moneda de primordial importancia en el país, por su uso tanto interno como internacional, ese sistema facilitaba las inversiones extranjeras, gracias a la garantía de estabilidad en el canje.
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| Banco Nacional de Cuba. © University of Miami Libraries. Cuban Heritage Collection. Manuel R. Bustamante Photograph Collection. |
El dólar conservó la posición de moneda fundamental hasta 1932, año en que se comenzó a acuñar una serie de monedas de plata; de 1932 a 1939, las emisiones alcanzaron más de 80 millones de pesos y, por primera vez, se autorizó la emisión de certificados de dinero, garantizados por las monedas de plata acuñadas. Al mismo tiempo, se reconoció un poder liberatorio ilimitado para las monedas de plata, poder que, hasta la fecha, estaba restringido; y se introdujo así un cambio fundamental en el sistema creado en 1914, puesto que quedó establecido, de hecho, un nuevo patrón monetario: el peso de plata, moneda de carácter parcialmente fiduciario.
Ese sistema dual de circulación interior del dólar y del peso debía permitir a este último, en definitiva, jugar el papel que le correspondía como moneda en el seno de la comunidad nacional de pagos, quedando reservado el dólar para transacciones internacionales.
En 1942, una nueva legislación se propuso como objetivo la unificación del régimen monetario: tomando como base al peso, centralizó las reservas monetarias y autorizó la emisión de certificados de dinero cubano, garantizados a razón de un 98% con respecto a los dólares, a los valores en dólares o en oro. De esta manera, el elemento fiduciario de la moneda fue limitado al 2%, correspondiendo a los gastos de emisión ocasionados.
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| Interior del Banco Nacional de Cuba. © University of Miami Libraries. Cuban Heritage Collection. Manuel R. Bustamante Photograph Collection. |
La nueva institución, el Banco Nacional de Cuba, es un banco de bancos; goza del privilegio exclusivo de emisión; cumple la función de prestamista de última instancia, aumentando la capacidad de crédito del banco privado, gracias a las operaciones de redescuento o de adelantos a corto término, garantizados por los documentos suministrados por la agricultura, la industria o el comercio. Esta función permite al banco de influenciar sobre el volumen total del crédito y de alentar, en la medida donde esto sea posible para la política monetaria, las actividades productivas más favorables al desarrollo económico de la nación.
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| Ventanillas del Banco Nacional de Cuba. © University of Miami Libraries. Cuban Heritage Collection. Manuel R. Bustamante Photograph Collection. |
La unidad monetaria de la República, el peso, está respaldado contra su valor en oro, quedando fijo su contenido en 0,888671 gramos. Esta unidad es en realidad teórica, puesto que está prohibida la acuñación de monedas de oro, y si el banco debe mantener la convertibilidad de sus reservas monetarias de oro y de divisas extranjeras convertibles también en oro, no está por ello obligado a volver a comprar su déficit monetario con oro metálico, sino que puede introducir bonos comprados en el mercado extranjero, utilizando como patrón el oro o las monedas convertibles en éste. De hecho, el patrón monetario es más bien un patrón de divisa en oro.
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| Interior del Banco Nacional de Cuba. © University of Miami Libraries. Cuban Heritage Collection. Manuel R. Bustamante Photograph Collection. |
Cuando fue inaugurado oficialmente el Banco Nacional de Cuba, el 27 de abril de 1950, las reservas monetarias oficiales en oro y en divisas extranjeras convertibles en oro, ascendían a 439 millones de pesos, y, en abril de 1954, alcanzaban la elevada cifra de 536 millones, o sea, una garantía del 79% del déficit monetario y bancario de la Institución.
En sus cuatro años de vida, el Banco Nacional de Cuba ha consagrado lo mejor de sus esfuerzos en consolidar la independencia monetaria y reafirmar la gran confianza que inspira el peso cubano, puesto en una escala de igualdad con respecto al dólar, en un régimen de libertad de cambio cuyo mantenimiento está ampliamente garantizado por el estado actual de las reservas monetarias.
Esas reservas no son solamente la salvaguardia de la estabilidad monetaria cubana, sino que constituyen también una base esencial en el proceso gradual y creciente desarrollo económico al que aspira el país, a fin de mantener y mejorar su nivel de bienestar moral y material.
Traducido del francés por Javier de Castromori.
martes, 22 de octubre de 2013
Una habanera altruista. Por Domingo Figarola Caneda.
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| Enriqueta Augustina Rylands (1843-1908). Detalle de una escultura de John Cassidy. © John Rylands Library. |
Los que en el extranjero se consagran a investigaciones de historia y bibliografía de Cuba se ven sorprendidos con frecuencia por el hallazgo de cubanos que de un modo u otro se han distinguido o figurado lejos de la tierra natal, siendo en ella poco conocidos o completamente ignorados. A esto contribuye en mucho, sino en todo, el hecho de no llevar esos cubanos apellidos españoles, por ser hijos a lo menos de padres extranjeros, o porque tratándose de cubanas, al contraer matrimonio con un extranjero, han perdido el uso de los apellidos que por nacimiento les corresponde.
Pero a nuestro entender, ninguna cubana habrá sido menos conocida en
su tierra natal, y a pesar de haber ido al sepulcro llevando una notoriedad
nada común, cual lo fue Mrs. Enriqueta Augustina Rylands.
Y con el ánimo de hacerla conocer de nuestros lectores, ofrecemos las
noticias que hemos reunido, ya buscadas por nosotros, ya suministradas por el
único miembro que de la familia existe, ya por último, extractadas de una
revista (1) y de un folleto (2).
Por los años de 1820 a 1824 vino a establecerse en el comercio de La
Habana el súbdito inglés Mr. Stephen Cattley Tennant, y en 1831, ya en dicha
ciudad existía la razón social de S. C. Tennant y Comp., dedicada, entre otros
negocios comerciales, a la consignación de buques que hacían la carrera entre
Liverpool y La Habana.
Y por más que nuestra capital era entonces bastante reducida, esta
firma comercial era sin duda importante, puesto que en sus anuncios de salidas
de buques se publica la de la fragata Byron, sin otra dirección que la
expresada firma. Más tarde, o sea de 1844 a 1860, sabemos que existió esta casa
de comercio, primeramente en la calle de los Mercaderes número 24, después en
la de Cuba número 12, y por último, en la misma de los Mercaderes número 83,
pero girando bajo la razón social de Clark, Tennant y Ca., y luego Tennant y
Ca.
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| Enriqueta Augustina. © John Rylands Library. |
Pero no era uno de tantos comerciantes que pasan la vida absorbidos
por los negocios, frecuentando muy poco la sociedad y extraños por completo a
toda manifestación intelectual del campo de las ciencias o de las letras. Por
el contrario, mantenía relaciones de amistad con lo mejor de nuestra clase
social, y en ella era muy estimado. Con el mismo aprecio se le recibía en el
trato de las personas intelectuales, y su interés por el adelanto de nuestras
letras se traducía en hechos como el de contribuir, a la par que los cubanos
más distinguidos de la época, al sostenimiento de publicaciones como la selecta Revista Bimestre Cubana.
Contaba cuarenta años de edad cuando contrajo matrimonio (1840),
habiendo tenido por lo menos tres hijos, un varón y dos hembras, gemelas y
nacidas en La Habana en 1843, y una de las cuales fue Enriqueta Agustina. Desde
edad temprana comenzó la educación de esta niña en una escuela privada de Nueva
York, después continuada con todo esmero en París, y por último en Londres y
mucho más cerca de su padre, pues ya éste se había retirado de los negocios y
residía en Liverpool desde, 1848.
Vuelta al hogar paterno, compartía las atenciones propias de su estado con la lectura y la dedicación a estudios serios. Por la educación que había recibido, y por no conocer a su tierra natal más que aquello que la familia le contaría, es natural que en sus hábitos y costumbres no pudiera sentirse otra cosa que una joven inglesa, pero con toda esa cultura y ese refinamiento que se obtienen sólo por medio de la educación francesa, y sin duda que su padre, al educarla como lo hizo, se propuso, y hubo de conseguir, hacer de su hija una mujer de sólido fondo de instrucción y de ideas elevadas.
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| Enriqueta Augustina Rylands (1843-1908). Escultura de John Cassidy en mármol de Saravezza. © John Rylands Library. |
El 6 octubre 1875 contrajo matrimonio con Mr. John Rylands, muy rico
fabricante de Manchester, y el 11 diciembre 1888 quedaba viuda y poseedora de
una fortuna inmensa. Entonces juzgó que ningún destino mejor podía tener esa
fortuna que emplearla en fundar una institución que perpetuara el nombre de su
marido, y fuera al mismo tiempo un centro consagrado al desenvolvimiento de los
estudios en general; y teniendo en cuenta el interés que Mr. Rylands había
manifestado siempre por los estudios de Teología; decidió que esta
materia ocupara el primer lugar en la institución futura. He aquí el origen del
monumento erigido a la Bibliografía en Manchester, bajo la denominación de The
John Rylands Library.*
La construcción del magnífico edificio dio comienzo en 1889, mas no de
esa manera corriente como se emprenden no pocas obras consagradas a donativos
públicos, de las que se encomiendan los proyectos a los arquitectos, y éstos
calculan como juzgan más conveniente y luego presentan aquellos. La obra de la
señora Rylands se hizo conforme a los planos del técnico Mr. Basil Campneys;
pero ¡cuánto hubo en ellos que fue debido a la misma señora! Mujer de
inteligencia y observadora, en sus diferentes viajes por Europa habíase formado
un gusto lo bastante depurado y exacto para tener conciencia de lo que deseaba
y debía ser su obra, y por lo misino, lejos de dejarse llevar por la
impaciencia, bien natural y explicable en casos como éste, tranquila miraba la
lentitud con que avanzaban los trabajos, pero sin hallarse por esta causa
separada un solo día de aquella empresa que tenía esclavizada toda su
existencia.
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| Enriqueta Augustina. © John Rylands Library. |
Después de diez años, llegó un día en que el edificio se encontrase listo
del todo para poder utilizarse, y fue entonces cuando la donadora se hizo
doblemente admirable, porque demostró que no había consagrado únicamente su
tiempo y sus energías a la construcción del edificio. Habíase dedicado, además,
a la adquisición de valiosas colecciones de impresos y manuscritos con los
cuales enriquecer la dádiva, según vamos a verlo.
Durante el año de 1892 anuncióse que el conde de Spencer había
determinado vender la más célebre entre todas las colecciones particulares de
libros, conocida por "La Biblioteca Althorp". El conde se veía
obligado a renunciar a esta riqueza bibliográfica, mas estableció por condición
primera de la venta, que el comprador lo había de ser por toda la colección,
para así evitar que se dispersasen las preciosidades que formaban en conjunto
aquel tesoro. Primeramente el British Museum, atraído por la serie de Caxton de
esta colección, hizo proposiciones que no pudieron ser aceptadas, como no lo
fueron otras varias hechas por ciertas bibliotecas de América. Sin embargo, la
suerte parecía inclinarse a favor de una de estas últimas ofertas, cuando hubo
de llegar este asunto a conocimiento de la señora Rylands, quien apreciando
entonces la doble y grande conveniencia que proporcionaría a Inglaterra la
adquisición de aquella biblioteca, tanto porque iría a ostentarse en los
salones del nuevo edificio, cuanto porque no saldría para el extranjero,
determinó pagar por aquel tesoro las 25,000 libras esterlinas que se pedían
(123,000 pesos), y de este modo los 40,000 volúmenes que componen la colección
Althorp vinieron a constituir una parte de la Biblioteca Rylands, con gran
contento de los eruditos e investigadores ingleses. Y todavía hizo más en
este sentido la espléndida donadora: supo que se vendía la magnífica colección
de manuscritos del conde de Crawford, y la compró también mediante una suma
importante; y con mucha sorpresa por parte de la generalidad, la negociación
llevóse a término de la manera más tranquila sin publicidad alguna, como
acostumbraba hacer siempre esta señora. La colección citada compuesta de más de
seis mil manuscritos no era, sin embargo, conocida de la mayor parte.
Conocíanla cierto número de especialistas, y nada más. Los manuscritos
orientales y occidentales que posee le dan carácter propio, así como los
incunables se la dan a la colección comprada a Spencer. Las pastas de varios
manuscritos son de un género y de un valor excepcionales; están hechas de
marfil y de metal y datan de los siglos XII y XIII. Esta colección, respecto a
sus encuadernaciones, ocupa en el mundo el tercer lugar, perteneciendo el
primero a la de la Biblioteca Nacional de París, y el segundo a la de la Real
de Munich.
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| Enriqueta Augustina. © John Rylands Library. |
Relatemos ahora un acontecimiento muy señalado tanto de la biografía
de la señora Rylands, como de la historia de la ciudad de Manchester. Este tuvo
lugar el 6 de octubre 1899, día en que se cumplieron veinticuatro años de aquel
que fue de bodas para la donadora, y quien lo escogió como ninguno más solemne
para la inauguración oficial de la Biblioteca. Sin duda que más de una vez
meditó en la serie de hechos que aquel aniversario venía a conmemorar: fecha de
su matrimonio, terminación del monumento levantado para perpetuar el nombre de
su esposo, y por último, la hora de la realización más satisfactoria del proyecto
al cual había consagrado por largos años todos sus pensamientos y todas sus
energías. ¿Qué otra fecha más merecedora que esta podía haber elegido? El
edificio se encontraba terminado de un todo, y tras sus paredes se contaban
130, 000 volúmenes, y entre éstos, muchos de mérito y de precios tales, que
hubo de ser considerada aquella, por una autoridad como el bibliógrafo francés
M. Renouard, "la más bella y la más rica colección particular de
Europa". Así, pues, la inauguración fue anunciada, y a presenciarla
acudieron, de todos los puntos de Europa, numerosas representaciones. El
discurso de apertura, pronunciado por el Reverendo Dr. Fairburn, Provisor del
Colegio de Mansfield (Oxford), fue en todos sentidos una oración digna de aquel
acontecimiento extraordinario. Al mediodía la señora Rylands fue invitada a
pasar al palacio del Ayuntamiento, y allí le fue conferido el Derecho de
Ciudad, o sea la distinción más elevada que la Municipalidad puede conceder, y
en este caso de mucha más importancia todavía, por ser la señora Rylands la
única mujer a quien se ha conferido este alto honor que muchas damas de primer
rango ambicionarían. Después, y a nombre de esta señora, su hermano, Mr.
Stephen Joseph Tennant, leyó un sentido discurso de gracias, y por último, tuvo
lugar la ceremonia de la firma estampada en el tradicional pergamino de los
ciudadanos libres de Manchester.La obra estaba hecha y regalada a la ciudad, ésta había correspondido confiriéndole a la espléndida donadora en ceremonia extraordinaria los honores más altos; pero todo no había terminado: el propósito de la señora Rylands no consistía en haber levantado un monumento para regalarlo a la ciudad y que ésta quedase obligada a sufragar los gastos de entretenimiento de aquel. Entendía la generosa y precavida señora, que la filantropía no debe traer aparejada condición ninguna que obligue a hacer erogaciones a la parte beneficiada, y en este sentido hizo más grandiosa obra, dotándola con una renta anual de 5,000 libras esterlinas (25,000 pesos) para su entretenimiento y desarrollo, y además, siempre que se presentaron oportunidades de adquirir libros raros y curiosos, acudió on nuevas sumas para comprar aquellos y enviarlos a la Biblioteca en calidad de nuevos donativos.
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| Enriqueta Augustina. © John Rylands Library. |
Otro rasgo de la manera espléndidamente generosa que caracterizaba a
la señora Rylands, lo tienen muchos lectores en este hecho: La Dirección de la
Biblioteca consideró que un retrato al óleo representando a la fundadora de
aquel centro, debía ser colocado en el mejor lugar del mismo. Con este
propósito se solicitó el consentimiento y la cooperación de la señora, quien
respondió que se le dejase reflexionar antes de decidirse. Tiempo después
recibía la Biblioteca el donativo de una estatua de la señora Rylands, hecha en
hermoso mármol de Saravoize, de tamaño más que el natural, de una fidelidad
acabada, y obra del reputado escultor John Cassidy. La estatua, cuya
reproducción en grabado venido de Manchester es el que aparece al frente de
este trabajo, fue descubierta el 12 de diciembre de 1907 en la sala principal
de la Biblioteca, en presencia de un corto número de personas, y pronunciando
el discurso inaugural, a ruego del hermano de la señora, Mr. Stephen J.
Tennant, el vicerector de la Universidad, Dr. Alfred Tlapkinson.
Llegamos ya al día más doloroso en la historia de la vida de esta
benefactora admirable. El 4 de febrero de 1908, a los sesenta y cinco años,
murió en Torquay, ciudad del Sur de Inglaterra, donde por lo dulce del clima y
por la acción terapéutica de las aguas, había ido a buscar alivio para sus
padecimientos. Y moría sin gozar de aquella dicha que Chateaubriand acordaba a
quienes desaparecían de entre los vivos "mirando el campanario que los vio
nacer", y sin gozar tampoco de otra dicha para ella más grande: la de
cerrar por última vez los ojos llevando en ellos la imagen del monumento
glorioso que su ilustración y su generosidad dejaban a la cultura de los
tiempos modernos. Y aun a la hora de tomar sus postreras disposiciones, no
olvidó a su querida Biblioteca, pues al contrario, como si no fueran
suficientes los donativos con los cuales la había favorecido, aumentó el
capital de aquélla con 200,000 libras esterlinas más (1.000,000) de pesos), en
bonos del Tesoro al 4 por 100, y cuya suma, unida al capital que ya poseía la
Biblioteca, produce una renta de 13,000 libras esterlinas (53,000 pesos),
cantidad bastante para sostener y aun agrandar el establecimiento de una manera
digna de su fundadora.
Agosto, 1909
*Notas
Quarterly Bulletin of
the John Rylands Library, Manchester, octubre de 1908
The John Rylands
Library, Manchester, 1902
Publicado por primera vez en la Revista de la Biblioteca Nacional de Cuba en 1909 y retomado en ese mismo año en El Fígaro, 8 de agosto de 1909.
The John Rylands Library es la
biblioteca de depósito no jurídica más grande del Reino Unido, así como la
tercera biblioteca académica más grande del país después de las de Oxford y de
Cambridge. También tiene la recaudación más grande de recursos electrónicos de
cualquier biblioteca en el Reino Unido. La más vieja parte de la biblioteca,
fundada en la memoria de John Rylands por su esposa Enriqueta Augustina Rylands
como institución independiente, se sitúa en un edificio gótico en Deansgate, el
centro Victoriano de la ciudad de Manchester. Este sitio contiene una colección
importante de libros y de manuscritos históricos, incluyendo el más viejo
documento existente del Nuevo Testamento, el papiro P52 - el fragmento de San
Juan.
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| Enriqueta Augustina. Escultura de John Cassidy en su versión más pequeña y en bronce, conservada en el Muriel Stott Conference Centre de Manchester ©. |
martes, 30 de julio de 2013
ICONOGRAFÍA CUBANA XXXIII : "Oda a la Piña", reina de los campos de Cuba.
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| Album of Isle de Pines (Isla de Pinos), circa 1910. © University of Miami Libraries. Cuban Heritage Collection. |
Oda a la piña
Manuel de Zequeira Arango
Del seno fértil de la Madre Vesta
en actitud erguida se levanta
la airosa piña de esplendor vestida,
llena de ricas galas.
Desde que nace, liberal Pomona
con la muy verde túnica la ampara,
hasta que Ceres borda su vestido
con estrellas doradas.
Aun antes de existir, su augusta madre
el vegetal imperio le prepara,
y por regio blasón la gran diadema
la ciñe de esmeraldas.
Como suele gentil alguna ninfa
que allá entre sus domésticas resalta;
el pomposo penacho que la cubre
brilla entre frutas varias.
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| Album of Isle de Pines (Isla de Pinos), circa 1910. © University of Miami Libraries. Cuban Heritage Collection. |
Es su presencia honor de los jardines,
y obelisco rural que se levanta
en el florido templo de Amaltea,
para ilustrar sus aras.
Los olorosos jugos de las flores,
las esencias, los bálsamos de Arabia,
y todos los aromas, la Natura
congela en sus entrañas.
A nuestros campos desde el sacro olimpo,
el copero de Júpiter se lanza;
y con la fruta vuelve que los dioses
para el festín aguardan.
En la empírea mansión fue recibida
con júbilo común y, al despojarla
de su real vestidura, el firmamento
perfumó con el ámbar.
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| Album of Isle de Pines (Isla de Pinos), circa 1910. © University of Miami Libraries. Cuban Heritage Collection. |
En la sagrada copa la ambrosía
su mérito perdió, y con la fragancia
del dulce zumo del sorbete indiano
los Númenes se inflaman.
Después que lo libró el divino Orfeo,
al compás de la lira bien templada,
hinchendo con su música el empireo
cantó sus alabanzas.
la madre Venus, cuando el labio rojo
su néctar aplicó, quedó embriagada
de lúbrico placer, y en voz festiva
a Ganímedes llama.
"La piña, dijo, la fragante piña,
en mis pensiles sea cultivada
por mano de mis ninfas, sí, que con
su bálsamo en Idalia."
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| Album of Isle de Pines (Isla de Pinos), circa 1910. © University of Miami Libraries. Cuban Heritage Collection. |
¡Salve, suelo feliz donde prodiga
Madre Naturaleza en abundancia
la odorífera planta fumigable!
¡Salve feliz Habana!
La bella flor en tu región ardiente
recogiendo odoríferas sustancias,
templa de Cáncer el calor estiva
con las frescas Ananas.
Coronada de flor la primavera,
el rico otoño, y las benignas auras
en mil trinados y festivos coros
su mérito proclaman.
Todos los dones, las delicias todas
que la Natura en sus talleres labra,
en el meloso néctar de la piña
se ven recopiladas.
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| Album of Isle de Pines (Isla de Pinos), circa 1910. © University of Miami Libraries. Cuban Heritage Collection. |
¡Salve divino fruto!, y con el óleo
de su esencia mis labios embalsama:
haz que mi musa de tu elogio digna
publique tu fragancia.
Así el clemente, el poderoso Jove
jamás permita que de nube parda
veloz centella que tronando vibra,
sobre tu copa caiga.
Así en tu rededor jamás Belona
tiña los campos con la sangre humana,
ni algún tirano asolador derribe
tu trono con su espada.
Así el céfiro blando en tu contorno
jamás se canse de batir sus alas,
de ti apartando el corruptor insecto
y el aquilón que brama.
Y así la aurora con divino aliento
brotando perlas que en su seno cuaja,
conserve tu esplendor, para que seas
la pompa de mi patria.
la pompa de mi patria.
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| Album of Isle de Pines (Isla de Pinos), circa 1910. © University of Miami Libraries. Cuban Heritage Collection. |
Valoraciones sobre la Oda a la Piña de Manuel Zequeira Arango:
José Lezama Lima
Su poema "A la piña", es, desde luego, la obra que siempre se ha considerado lo mejor que él hizo, a pesar de la cantidad de gazapos que señala Menéndez y Pelayo. 'Odorífera planta fumigable', refiriéndose al tabaco; otro de los gazapos es 'el dulce zumo del sorbete indiana', 'Las delicias recopiladas en el néctar de la piña'.
Cintio Vitier:
Zequeira escribe una especie de apoteosis mitológica de la piña, erigiendo a la fruta barroca y deliciosa en símbolo de la isla. Estamos de lleno, con toques rococó de 'poesía de jardín', en la Arcadia Cubana.
En Manuel de Zequeira y Arango pensamos siempre como 'el primero que pulsó la lira'en nuestro país.
...un poeta embrión, un poeta nebulosa, un poeta prehistórico, y esto mismo lo sitúa naturalmente en el principio no cronológico sino simbólico, en ese ámbito prenatal y caótico que le corresponde como a nadie en la historia de nuestra poesía.
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