miércoles, 27 de julio de 2011

ICONOGRAFIA CUBANA XXXI : Reportaje fotográfico sobre ciclón de 1926.

El Paseo del Prado, tres días después del paso del ciclón. © Estudio Fotográfico de la Secretaria de Obras Públicas. © 1998-2011 by Laurent Brocard / www.past-to-present.com
 El llamado "Ciclón del 26", que afectó La Habana, Pinar del Río, Matanzas y la Isla de Pinos, ocurrió el 20 de octubre de 1926. Su categoría fue de SS-4, con vientos que alcanzaron los 196 km/h, durando en La Habana siete horas y acompañado de una marea de tormenta.
Los daños materiales fueron estimados en unos 100 millones de pesos de la época y ocasionaron aproximadamente unos 600 muertos.
Afectó seriamente al occidente del país, en particular a la Capital. La violencia del viento derribó los cultivos y afectó notablemente la infraestructura industrial de La Habana. Hundió un sinnúmero de embarcaciones fluviales y numerosas entre las ancladas en el puerto. Miles de viviendas fueron destruidas. Decenas de cadáveres fueron arrastrados al mar por las aguas.
Parque Central, 24 horas después del paso del ciclón. © Estudio Fotográfico de la Secretaria de Obras Públicas. © 1998-2011 by Laurent Brocard / www.past-to-present.com
La Calzada del Cerro. © Estudio Fotográfico de la Secretaria de Obras Públicas. © 1998-2011 by Laurent Brocard / www.past-to-present.com
Frente al edificio de la sede de la Secretaría de Obras Públicas. © Estudio Fotográfico de la Secretaria de Obras Públicas. © 1998-2011 by Laurent Brocard / www.past-to-present.com
Una palma real atravesada por una viga. © Estudio Fotográfico de la Secretaria de Obras Públicas. © 1998-2011 by Laurent Brocard / www.past-to-present.com
La Estación de ferrocarril de Marianao. © Estudio Fotográfico de la Secretaria de Obras Públicas. © 1998-2011 by Laurent Brocard / www.past-to-present.com
Un buque de la Flota Blanca. © Estudio Fotográfico de la Secretaria de Obras Públicas. © 1998-2011 by Laurent Brocard / www.past-to-present.com
El Secretario de Obras Públicas Carlos Miguel de Céspedes, dirigiendo personalmente las obras en Marianao. © Estudio Fotográfico de la Secretaria de Obras Públicas. © 1998-2011 by Laurent Brocard / www.past-to-present.com
El Canal de Vento. © Estudio Fotográfico de la Secretaria de Obras Públicas. © 1998-2011 by Laurent Brocard / www.past-to-present.com
Una casa en Marianao. © Estudio Fotográfico de la Secretaria de Obras Públicas. © 1998-2011 by Laurent Brocard / www.past-to-present.com
Caseta de Obras Públicas en la carretera de Batabanó. © Estudio Fotográfico de la Secretaria de Obras Públicas. © 1998-2011 by Laurent Brocard / www.past-to-present.com
Edificio apuntalado. © Estudio Fotográfico de la Secretaria de Obras Públicas. © 1998-2011 by Laurent Brocard / www.past-to-present.com
Central Toledo en Marianao, donde se perdió 1 millón de pesos. © Estudio Fotográfico de la Secretaria de Obras Públicas. © 1998-2011 by Laurent Brocard / www.past-to-present.com
Un reparto en Marianao. © Estudio Fotográfico de la Secretaria de Obras Públicas. © 1998-2011 by Laurent Brocard / www.past-to-present.com
El pueblo de Batabanó. © Estudio Fotográfico de la Secretaria de Obras Públicas. © 1998-2011 by Laurent Brocard / www.past-to-present.com
El pueblo de Batabanó. © Estudio Fotográfico de la Secretaria de Obras Públicas. © 1998-2011 by Laurent Brocard / www.past-to-present.com
Bohío destrozado por la caída de un árbol. © Estudio Fotográfico de la Secretaria de Obras Públicas. © 1998-2011 by Laurent Brocard / www.past-to-present.com
Espigón en el puerto de Batabanó. © Estudio Fotográfico de la Secretaria de Obras Públicas. © 1998-2011 by Laurent Brocard / www.past-to-present.com
Goleta en el puerto de Batabanó. © Estudio Fotográfico de la Secretaria de Obras Públicas. © 1998-2011 by Laurent Brocard / www.past-to-present.com
En la bahía muchos buques se fueron al fondo. © Estudio Fotográfico de la Secretaria de Obras Públicas. © 1998-2011 by Laurent Brocard / www.past-to-present.com
Estado del puerto. © Estudio Fotográfico de la Secretaria de Obras Públicas. © 1998-2011 by Laurent Brocard / www.past-to-present.com
Una goleta en el puerto. © Estudio Fotográfico de la Secretaria de Obras Públicas. © 1998-2011 by Laurent Brocard / www.past-to-present.com

miércoles, 6 de julio de 2011

ICONOGRAFIA CUBANA XXX : Dos vistas aéreas de Santiago de Cuba.

Vista aérea de Santiago de Cuba. © Agence Mondial, París, 1933.
Vista aérea de Santiago de Cuba. © Agence Mondial, París, 1933.

martes, 14 de junio de 2011

Catalina Lasa: un misterio más… (a propósito del saqueo de su tumba). por Norge Espinosa.

Catalina Lasa del Río (1874 - 1930). © Colección Javier de Castromori. (Prohibida su reproducción sin autorización). 

Hace cierto tiempo vengo prometiendo la publicación del resultado de largos años de investigación sobre un personaje que han convertido con los años en una especie de leyenda urbana: Catalina Lasa.
Casi decidido a comenzar su escritura, acompañada de documentos originales y de un material gráfico importante, he aquí un viejo amigo de La Habana quien me comunica un testimonio alarmante sobre la destrucción del famoso mausoleo de la necrópolis de Cristobal Colón, acompañado de unas imágenes escalofriantes.
Tomaré entonces, como punto de partida para abordar la historia de esta mujer, este comunicado que me obliga a lanzar abiertamente una denuncia contra aquellos que saquean y dejan saquear, lo poco que queda del patrimonio nacional.
Agrego al texto y las fotografías de Norge Espinosa, algunas de las fotos que pertenecen a mi colección particular y que aún no había decidido hacer públicas.

Javier de Castromori.

Protagonista de una intensa historia de amor, ni en su tumba la bella matancera parece haber encontrado sosiego.

Durante décadas La Habana ha mantenido el misterio alrededor de Catalina Lasa, aquella hermosa mujer que enfrentó tabúes y prejuicios en su día con tal de vivir lo que hoy se recuerda como un gran amor.
Su romance con Juan Pedro Baró, como bien se sabe, la llevó a enfrentarse a la familia de Luis Estévez y Marta Abreu, ya que había contraído matrimonio con el hijo de estos ilustres cubanos, Pedro Luis Estévez, en 1898. Casado Juan Pedro, por su lado, con Rosa Varona, el
descubrimiento del idilio devino escándalo, que solo vino a resolverse con la aprobación del divorcio en Cuba, ley que finalmente les permitió romper sus matrimonios previos y enlazarse como pareja a la vista de todos, tras varios años residiendo fuera del país, en 1917.
La hermosa casa de Paseo entre 17 y 19, inaugurada en 1926, es el testimonio del amor que Baró sintió por esa matancera, cuyo nombre identificaba también a una variedad de rosas amarillas creadas para honrar a la que fue una de las mujeres más bellas de la capital cubana. Catalina, sin embargo, no llegó a disfrutar tanto como se esperaba de dicha mansión, levantada a partir de los planos de los célebres arquitectos Govantes y Cabarrocas. Falleció a cuatro años de haberse instalado en ella, y en su honor Juan Pedro Baró levantó un mausoleo en la Necrópolis de Colón que impresiona por sus líneas art-decó, su monumentalidad y sencillez, y que aún hoy deslumbra al visitante de ese cementerio.
Detalle de la mampara realizada por René Lalique de septiembre a octubre de 1931 "para una capilla funeraria de La Habana" y presentada en París en el XXI Salón de Artistas Decoradores. © Fotografía: Javier de Castromori, La Habana, 1992. (Prohibida su reproducción sin autorización).
Con frecuencia he pasado frente a ese mausoleo. Mi amigo Javier de Castromori, hoy residente en España y animador del blog Memorandum vitae, me habló por vez primera de Catalina Lasa a inicios de los 90, y me mostró en la Sala Cubana de la Biblioteca Nacional sus retratos en la prensa de la época en que era una celebridad habanera, así como las fotos que él había podido hacer del interior de la majestuosa tumba, al romperse uno de los cristales Lalique que filtran la luz en dicho monumento, y haber sido sustituido por una placa de vidrio transparente. Aquellas imágenes me permitieron admirar las mamparas de cristal Lalique, allí colocadas, entre la recia puerta y las lápidas de los amantes, unidos en el mismo sitio también en la muerte, como si los protegieran de futuros acosos a la paz que tal vez hallarían en el otro mundo. Una cruz, también Lalique, coronaba el conjunto, como extensión de la casa en la que poco vivieron, ornamentada por el mismo cristalero francés.
Con mi cámara en mano, decidí atravesar hace poco el cementerio y fotografiar algunos de sus monumentos. Pensaba en hacer fotos al mauselo de Catalina Lasa, y enviárselas a Javier, para que supiera del estado actual de un monumento que tanto admiraba. Hace no más de dos años, el cristal transparente aún estaba en su sitio, y quien supiera el detalle, podía asomarse y contemplar aquellas mamparas, con relieves alusivos a las rosas Catalina Lasa. No creo poder describir con palabras exactas lo que sentí al hallar que dicho cristal, y el que le sucedía en altura, han desaparecido. Un tapón de cemento los sustituye, y a través de otros cristales rotos, pude hacer la foto que acompaña esta nota, la cual demuestra que ya esas mamparas no existen, que alguien osó romper ese presunto descanso eterno, y las retiró de ese lugar. Quedan apenas las estructuras de las que fueran unas hermosas piezas funerarias, y el misterio de cómo se esfumaron, y hacia qué manos, esos fragmentos del misterio, uno más, que parece 
rodear a Catalina Lasa.
Estado actual de la mampara realizada por Lalique. Se puede observar que sólo quedan las estructuras metálicas, vaciadas de sus  vidrios Lalique. También faltan varios cristales en los encuadres de la puerta de entrada. © Fotografía: Norge Espinosa, La Habana, 2011. (Prohibida su reproducción sin autorización).
Ella, que ha sabido seducir a Rosa Ileana Boudet, Mario Coyula y otros escritores e intelectuales, inspirándoles obras que su espíritu protagoniza, tal vez pueda revelar a alguno de ellos la clave de este nuevo enigma, que por ahora parce privar a la Necrópolis de Colón de parte del esplendor de una de sus más alabadas joyas.

Norge Espinosa, La Habana, 11 de junio de 2011.
(Poeta, escritor y dramaturgo cubano)

domingo, 5 de junio de 2011

Respondiendo a la señora Alina Sánchez. (que sirva también para los corifeos trasnochados que me atacan y se cuestionan sobre mi persona)

Nota de última hora: el link que aparece un poco más abajo "Nota" sobre la aclaración de Alina Sánchez en DDC, ha sido deslíado por los super webmasters que emplea DDC. Es decir, los lectores no pueden tener acceso a esa nota directamente, tienen que pasar por la página de inicio de DDC. Ya ven, es David contra Goliat.


Señora Alina Sánchez,


Me aparto por unos momentos de mi merecido fin de semana para responder a su “Nota” publicada en DDC acerca de un suceso que normalmente debía haberse zanjado entre usted, yo y la redacción de Diario de Cuba y que lamentablemente ha sido amplificada por la horda de corifeos trasnochados que pululan en la “red cubana”.
Vayamos por partes. No como lo hubiera dicho el famoso Destripador londinense,  sino haciendo un claro y constructivo análisis de los hechos.
Primeramente quisiera saludar su maravillosa defensa, pues como bien usted dice,  está acostumbrada a los aplausos y a las luces. Yo, no. Y en eso me lleva una gran ventaja. La prueba está ahí: su popularidad le lleva también a la adulación por parte de esa “horda de corifeos trasnochados” a la cual hacía referencia más arriba; horda que no deja de lanzar insultos a diestra y siniestra en las páginas de un Portal que se dice reservar “el derecho de retirar todos aquellos comentarios y aportaciones que vulneren el respeto a la dignidad de la persona […]” que sean difamatorios, irrespetuosos, insultantes y obscenos, referentes a la vida privada de las personas.
Luego quisiera disculparme ante usted por ciertas frases desatinadas, escritas (y suprimidas ya) bajo el influjo sordo a mis reclamos hacia Diario de Cuba, del cual, luego de muchas insistencias y mensajes censurados me respondió lo siguiente:

“Estimado Sr. De Castromori: No ha sido intención de esta redacción demeritar el trabajo de su blog. El crédito de reproducción de imágenes será añadido a las imágenes utilizadas en el artículo. 
Un cordial saludo, Redacción DDC “

La querella, para llamarlo de alguna manera, tiene sus cimientos en varios mensajes recibidos por los lectores de mi blog, quienes habían reconocido las fotografías y ciertas semejanzas con el texto publicado por mí el 20 de enero de 2010 en Memorandum Vitae. A raíz de esto, consulté DDC (que no suelo visitar) y constaté, efectivamente, que las fotos utilizadas para ilustrar su escrito, provenían todas de mi blog. También noté, como bien escribí a la redacción de DDC y publiqué posteriormente en mi blog, que su texto “me recordaba extrañamente” al mío.
Un primer intento de contacto con usted y con la redacción de DDC a través de un comentario fue insuficiente, pues la redacción prefirió censurarlo. El mensaje decía:
“Por favor, cuando se toman imágenes de otros espacios es necesario poner la procedencia. Tengan la gentileza y la honestidad de señalarlo.” Sin embargo, DDC deja pasar  todos los mensajes difamatorios e insultantes contra mi persona. Decididamente hay mucho que cuestionarse sobre esa publicación de ideología dudosa y subvencionada por un gobierno cómplice de la dictadura castrista.
Si de algo pudiera verdaderamente pretender, es de mi honestidad y de mi colaboración con todo aquel que me lo pide. Los que me conocen, saben de lo que hablo. Y bastante discreto soy desde mi blog, mi única tribuna.
Cuando reclamo a DDC el crédito de la reproducción fotográfica es porque esas fotos fueron tomadas directamente de mi blog. Todas, excepto el grabado aparecido en la Ilustración Española y Americana, de 8 de mayo de 1879, son fotografías que forman parte de mi colección, impresas en gelatino-bromuro de plata, de pequeño formato, estilo tarjetas, como se acostumbraba hacer hasta casi los años 1930.
Mi reclamo, no es el de pretender una paternidad fotográfica, como algunos irónicamente han querido echarme a la cara, si no un justo crédito tanto a mi publicación como a mi colección. No es jurídico, si no moral. Es lo que normalmente deberíamos hacer cuando tomamos prestado algo. Ahí tiene mi blog, todas las imágenes que no detengo ya sean físicamente o por autoría están indicadas de manera que el lector conozca la fuente. Eso a mí me parece justo, aunque haya algunos que no lo entiendan así.
En cuanto a su texto “El negro del Stradivarius”, como bien dije ya, ciertas partes “me recordaron extrañamente” al mío, publicado hace más de dieciséis meses. En ningún momento me manifesté señalando ningún tipo de plagio; de eso se encargaron esos mismos famosos “corifeos” que ahora le están adulando en comentarios en DDC.
Usted me cita al periodista Juan José de Soiza Reilly, más conocido en la prensa porteña por el seudónimo de Agapito Candileja, como fuente de inspiración para mi escrito y el suyo. En realidad, para el mío no sólo utilicé las referencias de este último, si no también muchos otros. Trabajo hace mucho tiempo, todos los días, con los archivos de la prensa y no suelo guiar mis investigaciones de una manera lineal.
En efecto, Agapito Candilejas, publicó el 10 de junio de 1911 en la revista porteña Caras y Caretas, un escrito sobre la muerte de Brindis de Salas. Pero él no fue el único. Y es ahí donde, me pregunto: ¿en realidad usted consultó el escrito del señor Candilejas? Me perdona, pero no lo creo, y le explico por qué.
Ciertos detalles que usted cuenta en su escrito y que atribuye al periodista Soiza Reilly son inexactos:

Usted dice: “Registran sus bolsillos y encuentran recortes de críticas musicales de The Musical Times, de Londres, del Corriere Italiano de Florencia. Y programas doblados y borrosos donde aún puede leerse con claridad: "Intérprete: el violinista cubano Claudio Brindis de Salas. Barón, miembro de la Légion d’Honneur y músico de la corte alemana".

En realidad Soiza Reilly relata lo que le contaron los dueños de la fonda y posada "Ai re dei vini", del Paseo de Julio, 294 y lo transcribe así:

“- Aquí, en este bolsillo, tiene algunos papeles. Hay un pasaje. El programa de un concierto en Ronda. Una tarjeta. Un pasaporte... ¿Qué dicen?
- Caballero de Brindis, barón de Salas. ¡Oh! ¡Es el célebre violinista Brindis de Salas!...”

Por otra parte, usted comienza su escrito relatando la historia de la venta-empeño del Stradivarius de Brindis en el Monte de Piedad, cuando en realidad sucedió en una tienda de cambalache de la calle Rivadavia n° 3289 de la capital porteña. El relato de este suceso, publicado también en Caras y Caretas, pero del 16 de septiembre de 1911, es decir varios meses después de la muerte del violinista cubano, no pertenece al periodista Soiza Reilly como usted deja entender. El relato del suceso, no firmado, lo transcribió otro periodista, basándose en lo que le contó el dueño del cambalache, Jorge A. Paulsen, sucedido en su negocio el 23 de mayo de 1911 (10 días antes de la muerte del violinista cubano).
En ningún momento del relato se dice que Brindis ejecutó “un fragmento del concierto para violín de Mendelsohn” antes de desprenderse definitivamente de su violín, como así lo escribe usted. El texto original dice:

“Pero el negro vio que yo desconfiaba, y me contuvo diciéndome : ‘Vea, señor: yo no soy lo que aparento. Ahora estoy pobre, pero he sido muy rico.’ En seguida se colocó el violín bajo la barba, empuñó el arco y tocó en mi presencia una hermosa barcarola.”

Quizás, me dirá usted, que es una libertad ficticia que se permitió, lo cual puede ser muy válido. Pero no, su escrito respira lo real, lo histórico. Además su principal referencia es Soiza Reilly, quien además, nunca firmó ese relato del violín.
Me parece que con tan sólo esos ejemplos inexactos no se pueda pretender tener como referencia a Soiza Reilly o alguno de sus contemporáneos. Esa es una vieja técnica para maquillar las verdaderas fuentes de inspiración.
Yo, por mi parte, sí puedo decir que no sólo Soiza Reilly y tantos otros me sirvieron para crear mi post, mi trabajo se basa en la investigación profunda. Detalles, puedo darle sin problema y sin ningún tipo de alarde. Cuando publiqué mi post sobre la muerte de Brindis de Salas, mi objetivo era ofrecer a los lectores un material gráfico, practicamente desconocido hasta ese momento.
No quiero con esto poner en tela de juicio ni su estilo ni su escrito ni sus conocimientos, no es mi propósito. Sólo recordarle que todos bebemos de otras fuentes, Soiza Reilly en su momento también lo hizo, pero no debemos olvidar la honestidad intelectual y el reconocimiento del trabajo de los otros, incluso de aquellos como yo, que no disponen de una tribuna como Diario de Cuba para publicar sus modestos trabajos.
Una última aclaración: yo no vivo fuera de mi país como usted. Yo fui un exiliado político que tuvo que dejar la isla a los 20 años de edad y hoy día soy un ciudadano francés.

Mis respetos,

Javier de Castromori

viernes, 3 de junio de 2011

Propiedad y honestidad intelectual. (actualización, 3 de junio de 2011, 18h30)

Varios amigos y lectores me han llamado la atención de que el portal Diario de Cuba había reproducido imágenes procedentes de mi blog sin haber citado y enlazado con la fuente original. No sólo la autora del texto en Diario de Cuba ha utilizado mis imágenes sin ninguna autorización ni crédito si no que una parte de su texto recuerda, extrañamente, a un post publicado por mí el miércoles 20 de enero de 2010, bajo el título "ICONOGRAFIA CUBANA XIX : “Sí, soy Brindis de Salas. Pero me muero..!”
Juzguen ustedes y comparen. Ya yo he tomado mi decisión.
Una rara y poco vista fotografía de Claudio José Brindis de Salas Garrido (1852-1911) en su lecho de muerte del depósito de cadáveres de la Asistencia Pública de Buenos Aires, el 1 de junio de 1911.
Nota : Desde entonces, Diario de Cuba ha intentado disculparse y poner la fuente de cada imagen. Yo por mi parte les he pedido la supresión total de mis imágenes de su portal. En lo que concierne a parte del texto de la señora Alina Sánchez, ya veremos qué se hace.


3 de junio de 2011, 18h30
Este ha sido el último mensaje enviado a la redacción de Diario de Cuba, la cual aún no ha respondido ni mucho menos ha movido ficha alguna, por lo que deduzco que en realidad sí continúa ignorando mis reclamos, haciendo, simple y llanamente, el caso del perro. 
Y ¿ dónde anda la señora Alina Sánchez que aún no se ha pronunciado en este asunto ? 


" Gracias por la respuesta. Naturalmente que no creo que la redacción de Diario de Cuba haya intentado demeritar mi trabajo; sí por lo contrario la señora Alina Sánchez quien se ha servido de mi texto y de mis fotos para construir su post sin señalar ninguna referencia. He recibido muchos mensajes de lectores y amigos señalándome lo de las fotos, pero también la extraña semejanza de una parte del texto de Alina Sanchez con el texto de mi post publicado el 20 de enero de 2010 en Memorandum Vitae.
Por otra parte, el protocolo exige que se cite la fuente y se introduzca un "link". Pero me parece demasiado tarde y la falta grave de esta señora, por lo que les pido de retirar todas las fotos tomadas de mi blog, al menos, para que no vuelva a reproducirse un hecho tan desagradable como este. Nunca me he opuesto a que se utilicen mis documentos, siempre y cuando se me pida una autorización y se cite la fuente. En todo caso, ésa es mi ética.
En cuanto a ciertas partes del texto de la señora Alina Sanchez, ya lo he pasado a mi abogado para decidir qué hacer.

Un cordial saludo,

Javier de Castromori"

jueves, 2 de junio de 2011

ICONOGRAFIA CUBANA XXIX : En el centenario de la muerte de Brindis de Salas el 2 de junio de 1911.

Claudio José Domindo Brindis de Salas Garrido, (La Habana, 4 de agosto de 1852 - Buenos Aires, 2 de junio de 1911). © Archivo Nacional de Cuba.
Casa natal de Brindis de Salas en la calle Águila de La Habana Vieja. © Archivo Nacional de Cuba.
Urna con los restos de Brindis de Salas en la Iglesia de Paula (La Habana). © Archivo Nacional de Cuba.
Lápida de Brindis de Salas en la Iglesia de Paula (La Habana). © Archivo Nacional de Cuba. 

Ver también en este mismo blog :

En Hojas de prensa para la historia de Cuba (suplemento de Memorandum Vitae) : 


    miércoles, 13 de abril de 2011

    Enrique Piñeyro : esteticista de la crítica literaria cubana. En el centenario de su muerte.

    Para Francisco Moran y Félix Hangelini
    Enrique Piñeyro Barry (1839-1911)
    Hace algunos meses, quizás un año, un amigo, trás su paso por París y su consecuente visita al cementerio Père Lachaise, se lamentaba de no haber podido encontrar la tumba del insigne literato cubano que hoy celebramos el centenario de su muerte: Enrique Piñeyro Barry. Su anécdota, la de mi amigo, me hizo recordar los avatares que muchos años antes tuvo que pasar Salvador Bueno para llegar hasta el sepulcro del ya mencionado Piñeyro, pues le habían indicado falsamente que éste se encontraba frente a la tumba de Alfred de Musset. Y es que hasta el visitante más aguerrido le cuesta encontrarla, pese a su clara y rápida ubicación. Pasa de largo junto al sepulcro del escritor cubano la muiltitud de visitantes en busca de otros famosos: Chopin, Sarah Bernhardt, Rossini... Jim Morrison... Pero la sepultura del primer crítico literario de nuestro siglo formativo queda indiferente y olvidada de sus propios compatriotas.
    Vista general del estado del mausoleo donde reposa Enrique Piñeyro. Foto © Javier de Castromori. 
    Una descripción encontrada en Nouvelles Archives de l'Art Français de 1897 nos describe que la tumba de la familia Piñeyro, es de "mármol blanco sobre la cual hay esculpida una cruz acostada. En la parte alta del sepulcro, hay un pedestal rectangular que sostiene una estatua en mármol de un metro cincuenta : la Esperanza representada por una joven de pié, juntando las manos sobre su pecho, una estrella en la frente y los ojos elevados al cielo. A su derecha, un ancla que la joven sostiene por sus cadenas, y a sus piés un libro sobre el cual se puede leer la inscripción : 'Angelo'." En nota a pié de página de esta descripción se nos dice que "el señor Piñeyro, propietario del monumento, en repuesta a una carta del 21 de junio de 1897, informa que la estatua fue realizada en italia, pero que él no se recuerda del nombre del artista. (23 de junio de 1897)." Naturalmente, hoy el paso del tiempo ha modificado ciertos detalles de esa descripción.
    Detalle del pedestal rectangular que sostiene la estatua de la "Esperanza". Foto © Javier de Castromori. 
    Recordemos entonces, que Enrique José Nemesio Piñeyro y Barry (La Habana, 19 de diciembre de 1839 - París, 11 de abril de 1911), crítico profesional por excelencia de la literarura cubana, era hijo de Narciso Piñeyro, notable latinista. Enrique, su hijo, es considerado como el segundo crítico de verdadera importancia, luego de Domingo del Monte, iniciador de la crítica literaria en Cuba.
    Fue Piñeyro uno de los discípulos de José de la Luz y Caballero, bajo cuya dirección obtuvo en el colegio del Salvador, título de Licenciado en Artes. Luego viajaría a España para completar sus estudios de Derecho en la Universidad Central de Madrid, dejando para más tarde sus ejercicios de grado que llevaría a cabo en La Habana, cuya Universidad le otorgó en 1863 el diploma de Licenciado en Jurisprudencia. Poco después, fungiría como vice-director del mismo colegio del Salvador.
    Desde su adolescencia, Piñeyro se entregó a los menesteres literarios, llegando a traducir, a la edad de dieciseis años, un texto de Victor Hugo que publicó en Brisas de Cuba en 1856. Más tarde, entre 1865 y 1866, dirigió la Revista del Pueblo, fundada unos años antes por Ramón Zambrana y cuyo objetivo inmediato, como bien comentaría Piñeyro siendo subdirector, era el de combatir el mal gusto que a su parecer predominaba en ciertos grupos de intelectuales encabezados por Fornaris, Manuel Costales, P. J. Morillas, F. Valerio y hasta por el mismísimo Zambrana.
    Se pueden leer las inscripciones de Federico Piñeyro (1841-1885), Ricardo Piñeyro y Poey (1872-1874), Enrique Piñeyro (1839-1911), Teresa Poey de Piñeyro (1840-1881) y Henri F. Piñeyro (1887-1914). Foto © Javier de Castromori. 
    Cuando quiso dedicarse al ejercicio de la abogacía estalló la revolución de Yara. Piñeyro emigró entonces a los Estados Unidos con el objetivo de unir su voz y sus esfuerzos a la de los separatistas emigrados. Durante éste, su primer exilio, actuaría como secretario de la Legación de Cuba, encargándose a la vez de la dirección de la revista La Revolución, así como El Mundo Nuevo que más tarde se fundiría con otra revista neoyorkina : América Ilustrada, en a que Piñeyro trabajará hasta finalizar el año de 1876. Poco después se cerraría el ciclo de su participación directa en los empeños de la revolución cubana, debido a las divisiones surgidas en este campo y a los antagonismos y disenciones que habían deshecho la unidad necesaria entre los cubanos emigrados.
    Luego de la Paz del Zanjón, regresa Piñeyro a Cuba en 1879, donde permanecería cerca de dos años. "No pude resignarme a vivir allí", escribiría años después. "La situación política de los cubanos en general y en particular de los insurrectos, me parecía humillante y difícil de soportar." En marzo de 1881, embarca nuevamente rumbo a los Estados Unidos, donde se casa, en 1882, con la viuda de José Fernández de Castro, Clara Poey Hernández, hija de Juan Poey y Aloy, primo del insigne naturalista cubano Felipe Poey, para luego seguir hacia París, donde fijan ambos su residencia definitiva.
    Detalle del estado ruinoso de la estatua la "Esperanza". El ancla y las cadenas de las cuales se habla en la descripción de 1887, están prácticamente destrozados Foto © Javier de Castromori.
    Ya en París, colabora en innumerables revistas y periódicos cubanos, manteniendo un comportamiento político discreto. Entrega ayuda financiera durante el período de la guerra del 95, a la vez que su firma aparece en el manifiesto parisiense contra la autonomía.
    Su extensa obra, para citar algunos de sus principales libros, incluye sus Estudios y conferencias de historia y literatura (1880), su magnífica exégesis de Poetas famosos del siglo XIX (1883), donde estudia a los más destacados poetas ingleses, franceses, alemanes e italianos del período romántico; su Vida y escritos de Juan Clemente Zenea (1901), El romanticismo en España (1904), Biografías americanas: hombres y glorias de américa (1906) y su obra póstuma Bosquejos, retratos y recuerdos, que se publica en 1911, el mismo año de su muerte.
    La crítica de Piñeyro es tratada de esteticista, en la que los valores artísticos de una obra están por encima de todos los demás, aunque también se habla de ciertas tendencias científicas e historicistas. También se destacó en gran medida en la oratoria, lo que le valió los halagos de Manuel de la Cruz en sus Cromitos cubanos :
    "Cuando Piñeyro se posesiona de la tribuna, es la estatua de la perfección oral que se mueve como un actor y que habla con todos los recursos del canto humano. Su estilo cobra una nueva vida, se viste con todas las notas que puede combinar la voz del hombre; el ritmo de sus ideas, al ser modulado por su garganta, convierte cada párrafo en una sinfonía de pensamientos. Es una estatua que petrifica a sus oyentes haciendo de ellos las estatuas del pasmo de la emoción; una estatua que puebla el aire, como si fuese un espejo que reflejase una galería estatuaria, de perfiles admirablemente delineados y de visiones plásticas de estados sociales. Es un mágico prodigioso que con el gesto y la palabra hace tangibles los cuadros que se dibujan y coloran en su cerebro: ya es el enérgico perfil del gran bardo florentino, que traza en el vacío con un ademán que se ve como el perfil que se traza con el fósforo en la pared de un cuarto oscuro; ya es el cuadro de una época, las repúblicas italianas de la edad media, los girondinos entonando La Marsellesa en torno de la guillotina, que se ven de un golpe de vista como el cuadro de un espejismo que, con la rapidez de un relámpago, cristalizase en el éter en marmóreo bajorelieve. Piñeyro es el único que en Cuba posee el secreto de estas maravillas estéticas."
    Ciertamente el exilio parisino lo sumerge en la literatura y en los ocios eruditos, no obstante se cuenta, según refiere Paul Estrade en La Colonia cubana de París (1895-1898), que fue el primero en inscribirse en el Consulado cubano de París en 1903.
    Enrique Piñeyo residió en Paris en la rue de Tilsitt (París XVII) y luego, hasta su muerte en  el n 8 de la Chaussée de La Muette (París XVI). Sus restos, junto a los de su esposa, hijo y hermano, reposan en un mausoleo familiar del cementerio parisino de Père Lachaise. Su hijo Henri escribiría al lingüista Juan Miguel Dihigo Mestre cómo fueron sus últimos momentos :


    " París, 28-4-1911.  
    Señor J. M. Dihigo.  
    Muy respetado señor:  
    Cuántas gracias le doy por su bondad de haber tan pronto pensado en dirigirme su carta, fechada 14 de abril. La pena que nos causó a todos la desgracia tan grande ocurrida el 11 del presente, si no se puede disminuir, se hace más leve, cuando se siente uno rodeado, como lo estamos aquí, de buenos amigos, y pensando que los otros de allá tampoco nos olvidan.  
    La enfermedad de mi pobre padre fue, ciertamente, corta, pero no fue, ni parece, ella sola quien acabó con él: como él mismo decía, "La máquina se va desbaratando", y estaba expuesto a no poder resistir la primera seria enfermedad. Que haya empezado por angina, seguido por gripe y fiebre intermitente, delirio, "uremia" final, lo cierto es que el sueño profundo que le vino a las 2 de la tarde del 10, quince horas antes del fin, sueño del cual no despertó, fue el descanso siempre esperado y deseado por él, a pesar del bienestar que tratábamos de darle. Feliz está desde entonces, es lo que se puede decir.  
    Mi madre y mi hermana se juntan a mí para mandarle nuestras gracias por su sentido pésame.  Y crea en mi respetuosa y segura amistad. 
    Henri F. Piñeyro "


    Y recuerda visitante : si algún día te paseas por la vieja necrópolis parisina, no olvides que después de haber pasado el imponente porton principal del recinto, a la izquierda, primera división, justo antes de la tumba de Musset, reposa el gran esteticista de la crítica literaria cubana.


    Ver también en HOJAS DE PRENSA PARA LA HISTORIA DE CUBA : " Enrique Piñeyro y Barry (1839-1911) : en el centenario de su muerte. "